Las potencias vitales de las tierras fronterizas
131 El mayo feminista chileno en 2018 y el des- pertar de Chile en octubre de 2019 marcaron un hito en la participación de los cuerpos que emer- gen en el espacio público utilizando la performan- ce como lugar de enunciación y simbolizando el cuerpo social. La aparición de esta “cuerpa” no es necesariamente escénica –producto de una cons- trucción premeditada y calculada– sino que se ma- nifesta como un clamor de resistencia exhibiendo desde el cuerpo un discurso visual que protesta en contra del statu quo, enarbolando los feminismos y las disidencias como un movimiento contracul- tural y asistémico. Por tanto, diversitas hace alusión a resistir al orden establecido, contrariar la dirección im- puesta en la cual se asume que debemos circular. La diversidad es, por tanto, al menos etimológi- camente, una potencia dislocadora del curso nor- mal de las cosas, una alteración al orden estable- cido: el “cromosoma de más” que agita la norma. La diversidad es el “accidente genético” que no debía suceder. Ser diverso es ir en contra del tránsito. En contra del tránsito y con muchos discos PARE. La diversidad implica un des – orden. Pero ¿Quién establece ese orden? ¿Quién decreta esa norma? Foucault desarrolla parte de su propuesta a partir de un cuestionamiento en torno a la noción de cuerpo y poder, afrmando que “lo esencial de todo poder es que su punto de aplicación es siem- pre, en última instancia, el cuerpo. Todo poder es físico, y existe una conexión directa entre el cuer- po y el poder político” (Foucault, 1973, p. 314). Este biopoder se expresa biopolíticamente en la disciplina de la danza, en la cual se han sedi- mentado representaciones culturales del biotipo al que una intérprete debiera aspirar. En su libro, Cuerpos que importan: sobre los límites discursivos del sexo , Judith Butler se pre- la diversidad, y cómo casi ninguna revista ac- tual se atrevería a hablarles y enseñarles a odiarse como lo hicieron con nosotras. (Del Mar Ramón, 2020, p. 42). Creo que es por todo esto que la lucha femi- nista es también la lucha por la re-apropia- ción de nuestros cuerpos y por re-descubrir sus diferentes potencialidades. Silvia Federi- ci plantea que la danza es fundamental para este proceso de re-apropiación de nuestros cuerpos porque la danza permite explorarnos. El movimiento per sé constituye una forma de explorarnos de adentro para afuera y vi- ceversa. Cuando marchamos estamos en mo- vimiento, y en ese movimiento de nuestros cuerpos estamos redescubriéndonos indivi- dual y colectivamente. Cuando el 8 de mar- zo bailamos en las calles desnudas, vestidas, pintadas y coloridas, mostramos que nuestro cuerpo no tiene límites, que no es mecáni- co y que se expresa en múltiples lenguajes y formas. Claro que ese (in)disciplinamiento de nuestros cuerpos enfurece a un modelo de so- ciedad que lo tiene subsumido y lo naturaliza controlado. (Fois, 2018, párr. 10). Según la RAE, la palabra diversidad viene del latín diversitas , y este del participio diversus del verbo divertere (girar en dirección opues- ta), es una noción que hace referencia a la variedad, desemejanza, diferencia, abundancia o gran cantidad de cosas distintas. El origen etimológico de la palabra proviene del sufi- jo tat (dad) que indica cualidad; el prefijo di (divergencia, separación) y la raíz del verbo vertere (verter, girar, dar vueltas) (Aguilar, 2019, p. 13).
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