Las potencias vitales de las tierras fronterizas
120 cantos, especialmente los entonados por mujeres jóvenes, acompañándose de tambores pequeños, y que estos cantos eran el equivalente de los arawi quechuas, esto es, canciones sentimentales, de añoranza, lamentación o duelo. Un pasaje de la Nueva Corónica consagrado explícitamente a los cantos y bailes del Qullasuyu (sur andino) señala: cada ayllu [tiene] su natural cantar [y festas] en ellas cantan y dansan y baylan [...] l as mosas doze- llas dizen sus arauis, que ellos les llaman uanca. Y en otra parte transcribe (en aymara) uno de esos cantos de duelo que, insiste, en lengua aymara [son] llamado [s] uanca . Quechuizado, y verbaliza- do, será el mismo término que en un trecho hacia el fn del Atau Wallpaj p’uchukakuyninpa wankan reiterará Atahualpa: wankaytáraj wankarikúsa — lo que Husson trasluce por “ cantaré mi lamento” y Lara por “ lamentaré aún mi tragedia”. Otra vez: el Atau Wallpaj p’uchukakuyninpa wankan está escrito en una lengua por lo menos frontera, y ello enmás de un sentido. En primer lu- gar, desde el inicio, desde el nombre o título, guar- da memoria de más de una lengua, la quechua y la aymara, y también porque el quechua mismo (si hubiera algo así como el quechua mismo) habrá sido de entrada lengua de frontera, lengua fron- teriza, especialmente con el aymara, con el cual comparte no sólo varios cientos y acaso miles de años de vecindad, sino también buena parte de las formas gramaticales y cerca de un cuarto del léxico, según estimaciones eruditas (Cerrón-Pa- lomino, 2008). La historia de préstamos lingüís- ticos entre el quechua y el aymara es vasta, y la mayoría de las veces los especialistas no siem- pre logran ponerse de acuerdo en qué sentido el préstamo se ha dado, con lo que cualquier pago o reembolso parece diferido permanentemente, tal impagable préstamo; si a ello agregamos que hay autores no enteramente indignos de crédito que postulan un entroncamiento común hace más de dos mil años, en una suerte de proto-aymara-que- chua o quechuaymara, esta historia de préstamos y contra-préstamos se complejiza aún más, pues si es así, ¿qué lengua podría venir a reclamarle a la otra la propiedad por lo que se ha heredado de un patrimonio común? Si en la frontera no des- aparece sin más el afán de propiedad y la distin- ción entre lo propio y lo ajeno (al contrario, a ra- tos se exacerba), lo cierto es que tal propiedad no es para nada natural sino recibida, dada; la lengua se hereda de un fondo común, a la vez propio e impropio; y tal como una lengua se hereda (esto es, se recibe y, por tanto, es apropiada), se hereda (se entrega, y, por tanto, es desapropiada). Doble heredad en la frontera, en la frontera quechua como lengua frontera: ¿co-herencia de una len- gua?, ¿en cada lengua? 3. Acercándonos ya al provisorio término de esta textual comarca, otra frontera: la frontera tal vez de la literatura misma; el Atau Wallpaj p’uchukakuyninpa wankan tal obra en la fronte- ra del drama o la literatura (occidental). A la vez preguntando si efectivamente habrá habido una tradición teatral (o literaria en general) quechua prehispánica, pero, sobre todo, si a eso que habrá habido en los Andes precolombinos —pues algo hubo (y aún hay) en cuanto a guardar memoria y abrir o anticipar porvenir, con o sin imaginación y/o presentación fgural, ya como danza, conmás- caras o no, ya como canto, ya como narración— se le hace sufciente justicia o se lo cala nomás sea lejanamente traduciéndolo (al castellano) por “li- teratura”, “poesía”, “drama” o “tragedia”. Ambas preguntas, qué duda cabe, fronterizas, vienen pa- radojalmente insinuadas por el propio Jesús Lara, quien fuera uno de los férreos proclamadores de la existencia de una tradición teatral prehispáni- ca en los Andes, y a la vez, como hemos entrevis- to, partidario de traducir wanka por “tragedia”. Ahora bien, en la introducción a su traducción del Atau Wallpaj p’uchukakuyninpa wankan , Lara, complicado o él mismo insatisfecho con su
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