Las potencias vitales de las tierras fronterizas
116 El horror de sí —el espanto de encontrarse a sí, de verse a sí (el vide sua fgura, refere Pigafetta), un sí repartido de entrada entre sí, un sí atravesado entoncespor alguna incierta frontera, intervaloque suspende y a la vez hace posible cualquier identif- cación consigo— motivara en Occidente con y sin comillas una amplia literatura sino la Literatura misma 2 . Pero. No es raro aún encontrar en las lite- raturas, aun en las modernas, que tal experiencia espantosa o siniestra del sí occidental, aquella tra- vesía fsurante que divide al sí, sea fgurada como experiencia ajena (no occidental), con lo cual el terror de sí es hecho retroceder sosegadoramente como terror de alter fuera de sí. Así vuelve Ulises a sí: él mismo como el otro mismo, especialmente el otro, el de Joyce. La escena del espejo (o del espec- tro, que ambos términos comparten grumosa raíz) de(l) ULYSSES, como escena de la alterfacción del indoamericano, del antropófago y masticador de coca de las tierras bajas para el caso, a quien sólo es posible mantener a raya (a raya de sí como de al- ter) por el espejo: “El marinero sacó una postal de su bolsillo interno [...] Tenía impreso lo siguiente: Choza de Indios. Beni, Bolivia. [...] -¿Saben cómo se los tiene alejados?, preguntó cordialmente [el ma- rinero]. Como nadie ofrecía una solución, hizo un guiño diciendo: El espejo [ Glass , que J. L. Subirat traduce, también legítimamente, por cristal y J. M. Valverde por vidrio ]. Eso los hace retroceder [‘Eso los atonta’ ( That boggles’em) ; Valverde]. El espejo”. Por el espejo. Ya dándolo vuelta, ya dando la vuelta, en cualquier caso de vuelta: “... dio vuelta la tarjeta sin ostentación [ without evincing surprise, unos- tentatiously ; “sin evidenciar sorpresa, dio vuelta la postal sin disimulo” dice Valverde] para examinar la dirección casi borrada y el sello de correos. De- cía así: Tarjeta Postal. Señor A. [...], Santiago, Chi- le ”. De un marinero a otro, de Magallanes a Ulises, el uno como el otro, el mismo; de una circunna- vegación (global) a una regional (mediterránea) y aun a una local (dublinense), la misma espejeante escena. Nomás un detalle: la fgura impresa en la postal de ULYSSES, la escena exhibida : “un grupo de mujeres salvajes con taparrabos rayados, en cu- clillas, parpadeando, amamantando”. Como si el otro de(l) sí occidental —si “Occidente”, allende el Far West de ocasión, aún se dice a sí y/o confabula hoy alguna inaudita co-herencia— otra fuera. Esta casi tesis, cómo no, que pensar diera. Pero. Desde el momento en que alter comienza a ser delimita- do, identifcado, generosamente o no, comienza la asimiladera, el amismamiento, la apropiación; o alter perdura qua alter o, al inproviso , parte la des- alteración (la domesticación). ¿Es posible? ¿Tal al- terrancia inapropiable?, ¿o los avatares de alter — de lo que aquí, con este latinazgo no enteramente indeterminante pero que al menos tiene la virtud de mantener indecidida y abierta la generosidad de la cosa, así llamamos— son, habida cuenta de la confuencia entre generosidad y apropiación, hos- pitalidad y domesticación, justamente lo imposi- ble? ¿Justamente, dices? Yo , escribe letra por letra [¡el copista de?] Pigafetta, justifcando de entrada su viaje y a la vez evidenciando la no despreciable temporada pasada entre marinos castellanos, deli- 2. Estaríamos tentados a identifcar el terror del gigante patagón con el de Borges, quien multiplica en sus escritos las confesiones del terror ante el espejo ( Los espejos velados, Los espejos, Edipo y el enigma, Al espejo, El espejo y la máscara, El espejo, etc.), pero otro guiño otro ojo nos hiciera ( other es precisamente la palabra que Pigafetta consigna en su acotada lista de vocablos tehuelches para traducir el ‘ojo’ patagón). En El hombre en el espejo (1996), biografía de Borges, J. Woodall asocia insistentemente este borgeano terror con el desaso- siego ante la posibilidad de la pérdida de sí, pérdida de la self-possession , especialmente en materia sexual: “Borges la detestaba [esa vertiginosa experiencia de automultiplicación en un espejo], así como posteriormente iba a detestar la idea de verse expatriado de su yo, mediante la droga, la bebida o el sexo”. 3. Avendo yo havuto gran notisia per molti libri letti et per di- verse personne, che praticavano con sua signoria, de le grande et stupende cose del mare Occeanno, deliberay, con bonna gratia de la magestà cezaria et del prefacto signor mio, far experientia di me et andare vedere quelle cose, che potessero dare alguna satisfatione a me medesmo et potessero parturir- mi qualche nome apresso la posterità. (Op. cit., subrayo).
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