Las potencias vitales de las tierras fronterizas

11 En relación a lo anterior, resulta entonces provechoso proponer una perspectiva donde la noción de frontera pueda situarse en un lugar de fricción, y pensar la persona que tiene postura e ideas propias. Sería pertinente también vincular la no- ción de frontera en la educación con el lugar que el arte contemporáneo ha cumplido durante el úl- timo tiempo, haciendo aparecer con fuerza pro- cesos de carácter investigativo en la creación ar- tística. Por consiguiente, la educación artística en la academia podría proponerse este compromiso, relacionarse experiencial y experimentalmente con estos modos de producción, de forma tal de desbordar las experiencias de la domesticidad en la transmisión del conocimiento. Pensar que la educación nos trama y nos conforma nos permite plantear que el rol del edu- cador podría disputarse ¿quién enseña a quién?; al mismo tiempo que preguntarnos sobre ¿cómo trabajamos juntos en procesos de aprendizaje que se fundamenten en una pedagogía del hallaz- go que emerja de la experiencia compartida y de la subjetividad?; y por último, respecto de ¿cómo vinculamos nuestros procesos de creación/inves- tigación con la formación que impartimos? DIS-LOCACIÓN DE PERSPECTIVAS Y POLÍTICAS. POTENCIA DEL DESACUERDO PARA EL RECO- NOCIMIENTO DE NUESTRAS CONTRADICCIO- NES, CONFRONTACIONES Y COMPLICIDADES Habitar tierras fronterizas implica abrir el espacio al tránsito, permitir que las tensiones que se encuentran latentes, ansiosas por ser vis- tas y pertenecer, tengan un espacio en la sociedad ¿Cuáles son las propuestas de la institucionalidad actual respecto del ejercicio del derecho a parti- cipación y generación de experiencia desde las prácticas artísticas y de investigación artística? ¿Ǫué es lo que necesitamos respecto de esta ar- ticulación: institucionalidad-prácticas complejas del ejercicio de las artes? Ante la carencia de es- pacios diversos que vinculen las artes con el co- nocimiento desde el ámbito de lo público ¿Cuáles son nuestras potencias de acción? ¿Resistir desde la diferencia y precariedad; o exigir un cambio en la estructura hegemónica actual desde la crea- ción de lugares que permitan efectivamente el reconocimiento de una ecología de saberes? Es posible que los diagnósticos y las expe- riencias no den cuenta de un acuerdo con respec- to a lo que satisface la institucionalidad existente y las necesidades de los cuerpos vivos, prácticas y comunidades. Si reconocemos esto, ¿tenemos la posibilidad de entender este desacuerdo no como el punto final de una conversación, sino como el punto de partida de la misma? Asumiendo entonces, la puesta en tensión de las fronteras como cuestionamiento de la hue- lla histórica de nuestro entorno, las prácticas ar- tísticas han representado, en primera instancia, aquellas membranas permeables que facilitan los movimientos de un lado a otro. Una apertura como posibilidad a lo diferente e incómodo que, en segunda instancia, inaugura la posibilidad de “lo otro”, a lo que abrió paso ¿Cuáles son enton- ces las políticas públicas que abren paso a otras/ nuevas formas y metodologías de generar conoci- miento? ¿Hay espacio para aquello? Desde este marco reflexivo, invitamos a un espacio de discusión en torno a las prácticas de creación e investigación artística en vinculación con las políticas públicas, tanto en relación con ins- tituciones académicas, como con otras institucio- nalidades, personas y/o agrupaciones que sitúen su trabajo en esa articulación bisagra, aún inestable, que moviliza y tensiona nuestros lugares.

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