Las potencias vitales de las tierras fronterizas

108 la curiosidad y el placer? Defender nuestra capaci- dad de desear y de perseguir aquello que se desea con todo el goce que pueda haber entremedio es una necesidad, lo es para mí. Necesito procurar mi capacidad de desear modos éticos de habitar el presente, de leer el pasado y de especular el futuro, y necesito ejercitar mi habilidad de alimentar la vi- talidad de ese deseo. cuando el primer rayo de luz entra por la di- minuta entrada de la cueva, la investigadora ya lo espera con los ojos abiertos. hoy debe averiguar cómo regresar al pueblo en que se estaba hospedando. anoche tuvo suerte, pero la suerte no le quita lo peligroso a su fuga del sendero; necesita cuidarse del desierto y cuidar al desierto de sí misma. ella suele tener eso, suerte, pero más allá de eso ella suele ser así: cuidadosa. guarda sus cosas y su manta en la mochila, y sale del útero montañoso ha- cia la inmensidad de un paisaje que amanece. la investigadora nace, emerge a la luz. baja la meseta con la misma torpeza con la que subió y comienza a caminar, esta vez sabiendo exactamente hacia donde, ejerciendo su nue- va Práctica; esta vez con la mirada fija en el infinito horizonte y no en sus pies, esta vez acostumbrada a la gravedad, esta vez libre y liviana después de haber soltado la Pregunta en aquella cueva. ella suele hacer eso: soltar y saber cómo volver. Ahora se siente bien ir bajando el tono de la voz para llegar a una suerte de pausa. Me voy ca- llando para permitir que aparezca el silencio que convocaría la respuesta del otre; de ustedes, por supuesto. Estoy segura de haber dejado más que sufcientes cabos sueltos (un poco por decisión, un poco por agotamiento y otro poco por los límites de mi mirada) para provocar que algo ocurra. Y por si no fuera sufciente, empiezo a bajar los decibeles a modo de preguntas: ¿Cómo procurar la pulsiones deseantes en los procesos de investigación artís- tica?, ¿cómo provocarlos, cuidarlos, celebrarlos?; ¿dónde encontrar imágenes con potencia especu- lativa que gatillen nuestro entusiasmo?, ¿qué otras formas puede tomar el desierto?; ¿cómo podría- mos generar lenguajes y escrituras congruentes para acompañar las IAD, para retroalimentarlas, para potenciarlas, incluso para criticarlas?; ¿cómo generar territorios comunes con nuestros deseos?, ¿cómo hacer investigaciones artísticas deseantes intersubjetivas que respeten la singularidad de nuestras pulsiones individuales pero que a la vez puedan ser hospitalarias con la otra?, ¿cómo hacer de nuestros monólogos deseantes, conversaciones compartidas? Agradezco a la Dirección de Creación Ar- tística e Investigación (CAI) y al Centro Interdis- ciplinario de Estudios en Filosofía, Artes y Hu- manidades (CIEFAH), de la Facultad de Artes de la Universidad de Chile, por darle un espacio a este tipo de escrituras tambaleantes, a estos mo- dos otros de decir. Agradezco a todes les partici- pantes del encuentro “Las potencias vitales de las tierras fronterizas” por compartir sus quereres, gozos y cosquillas. Las investigaciones artísticas deseantes están más que acostumbradas a habitar los márgenes institucionales, pues suelen exceder los límites que estos espacios les exigen para con- siderarlas dignas de escucha y atención. Están más que acostumbradas a no ser abrazadas en toda la complejidad de sus idiomas, a tener que vivir en una constante negociación, a ser traducidas tan- tas veces que en el proceso terminan perdiendo el apetito que las originó. No es menor que se abran espacios para que el deseo pueda movilizar lo que tenga que movilizar. No son menores las grietas que las investigaciones artísticas deseantes pue- den generar en los caminos que pisan. Celebro que lentamente podamos ir infltrándonos en esos palacios del pensar, no para mirar desde lo alto con pose de conquistador, sino para gradualmen- te transformarlos en otra cosa, desmantelando sus altos muros para volverlos, por fn, vastos paisajes.

RkJQdWJsaXNoZXIy Mzc3MTg=