Las potencias vitales de las tierras fronterizas
106 territorio compartido con otros deseos? Quizá el motivo por el que las investigaciones artísticas de- seantes pulsan con tal fuerza es precisamente por- que no laten solas. Como en cualquier práctica artística, creo que es imposible encaminarse en una IAD sin to- mar una postura, una perspectiva, una mirada en particular. Aunque esas posturas pueden ser di- námicas, mutables, livianas, amplias, creo que es necesario que haya alguna parte del cuerpo que toque el piso en todo momento, “haciendo tierra”. El situarse no responde solamente a los problemas que traen las pretensiones de universidad, sino también a la presencia de cierta valentía; de po- ner no solo las ideas sino de ponerse a una misma sobre la mesa. Con esto no estoy hablando de una fscalización de la investigadora ni de un requisito de transparencia, cuando sabemos del potencial que hay en lo oculto, lo opaco y lo difuso. Hablo más bien de un anclaje con lo concreto del mundo, hablo de la imposibilidad de no mirar el entrama- do material sobre el que se sostiene nuestra prác- tica. El valor que tiene decir “desde aquí hablo yo”. No será igual la investigación artística deseante de una artista visual que imagina el desierto y desde ese imaginario compra un vuelo para migrar con pasaporte y beca de estudios a un país a cursar un postgrado, a la investigación artística deseante de quien no tiene que imaginar el desierto porque va a cruzarlo caminando para llegar al otro lado de la, esa sí, muy imaginaria línea que divide a un país de otro. El posicionamiento de la investigadora no condena su práctica, pero sí la informa y la sitúa. Estoy hablando de enunciarse con la propia voz, sabiendo que los demás van a poder reconocernos y buscarnos la cara. Estoy hablando de dar la cara. a medio concierto susurrante llega entonces a la página de la Pregunta. la Pregunta re- marcada con amarillo fosforescente que en la oscuridad de la cueva brilla casi con luz pro- pia. la Pregunta que la sacó de su casa y la ha llevado a tantas partes; la Pregunta que la ha hecho hablar con tanta gente de tantas cosas y que la ha hecho decir tantas mara- villas y tantas estupideces. la Pregunta que se cansó de andar en círculos y apuntó hacia el mágico sitio en que quería ser enunciada. en este desierto, en esta noche. el amarillo fosforescente genera una súbita tensión; los restos de musicalidad dejan de gotearle en la frente. el amarillo la empuja entonces a subir el tono del murmullo y a leer aquella Pregunta en voz alta. con claridad, pronuncia cada síla- ba con cuidado y proyecta la voz con mucha intención hacia el interior de la cueva, hacia el interior del desierto. por un segundo pareciera que el paisaje va a contestarle desde sus rocosas entrañas, pero no lo hace, por supuesto. lo que sí hace es detener el tiempo, lo suficiente para que la in- vestigadora pueda quedarse contemplando la pregunta que flota frente a ella; lo suficiente para que la investigadora se dé cuenta de que con su errático andar de todo el día, a la Pre- gunta se le han desgastado los signos de inte- rrogación. mientras voltea la mirada hacia la entrada de la cueva, como buscando el inme- diato pasado, como haciendo cuenta de todo lo que tuvo que pasar en ella y en el mundo para llegar aquí, la investigadora comprueba que la Pregunta ha dejado de serlo. la Pregun- ta mutó, lentamente, en el mismo caminar, en sus pesados pasos y en el arroyo de sudor de su espalda. el desierto no le ha regalado a la mujer una respuesta, el tipo de preguntas que se hace la investigadora no suele tenerlas. el desierto le ha brindado las condiciones justas para que la pregunta se transformara en una Práctica, el tipo de preguntas que se hace la investigadora suelen ser eso: Prácticas. el desierto detiene el tiempo, y la Pregunta que ha dejado de serlo, se desvanece: inte-
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