Las potencias vitales de las tierras fronterizas

105 difícil acceder al misterio de los detalles internos de una investigación artística deseante. Lo que nos queda, entonces, es ver sus efectos: mirar su com- portamiento, su forma de moverse, de conversar con otres, de vestir, de comer. Las investigaciones artísticas deseantes se dan una cantidad casi preocupante de permisos. Hay una apertura absoluta a la torpeza y, una for- ma de titubeo que es vacilante pero encantadora, ¿y cómo no hacerlo?, ¿cómo no dudar cuando las IAD observan todo con cuidado?, ¿cómo no dete- nerse cuando hay tanto que es merecedor de nues- tra atención y nuestro tiempo?. Sin embargo, hay una determinación con la que se hacen las cosas, lo cual no implica una forma categórica de ope- rar, pero sí una intención. Lo deseante está en el centro y se hace presente en la actitud de las IAD desde el principio. Hay dudas, pausas y cambios de dirección, pero también hay sed. Hay ganas, hay un hambre no menor, hay una cosa que quema. La investigación puede holgazanear si así lo decide pero eso no signifca que la pregunta la haya deja- do tranquila, hay siempre una incisiva inquietud. Como han hablado muchas de las artistas que se entrelazaron en la manta de colores, diagra- mar metodologías puntuales y pulidas en el cam- po de la investigación artística es esterilizarlo, es frustrar su posibilidad de acceder a lo desconocido o de encontrar nuevas formas de ver aquello que creíamos conocer. Las IAD, en vida, se resisten a alinearse a métodos y precisamente permiten que sea el deseo mismo, en toda su particularidad y eventualidad, el que desencadene ejercicios, ensa- yos, pruebas, técnicas. Una investigación artística deseante no es un tanteo a ciegas, no hay arbitra- riedad en los procesos; todo lo contrario, es la es- cucha activa de una fuerza que es capaz de generar prácticas congruentes con los lenguajes y sensa- ciones en que el deseo mismo se manifesta. Es de- cir, una investigación artística deseante producirá saberes tan suaves, incendiarios, flosos, sutiles o inestables como sea la pulsión que los hace existir. Es cierto que lo deseante tiene cierto ni- vel de agresividad, cierta voluntad que a veces no mide su fuerza y termina dejándonos moretones en el cuerpo. Aun así, en los procesos de las inves- tigaciones artísticas deseantes debe de estar, quizá por sobre todas las cosas, una cierta ternura. No creo que haya alternativa. Las violencias más atro- ces se han permitido en la búsqueda de respuestas: las academias de todos los campos del saber han, no solo dejado pasar, sino celebrado con bombo y platillo los tratos más crueles en pos de los conte- nidos que la investigación ha traído a las aulas y a los libros, a la fábrica, al laboratorio y al museo. Esto es ya imposible de aceptar, las investigacio- nes artísticas deseantes reconocen que hay una profunda deuda con los procesos amables, justos, responsables y suaves de tejido de conocimiento. Las IAD se harían cargo de reparar, un proyecto a la vez, las heridas que la investigación violenta y extractivista le ha hecho a los ecosistemas huma- nos y más que humanos. Sería primordial que el deseo que mueve a las investigaciones artísticas deseantes sea siempre un deseo que procure y que cuide. Estos deseos no estarían exentos de la responsabilidad que implica la vida en común, que es la vida que necesitamos. Estos deseos desencadenarían prácticas investiga- tivas que se relacionen éticamente con el sitio que las hospeda y les colaboradores que formen parte. Estamos hablando de proyectos que busquen inau- gurar, en los niveles más mínimos o en las colec- tividades más grandes, modos sensibles, cálidos, reparadores, placenteros y emancipadores de exis- tencia. No solo porque queremos que así sea, sino porque el colapsadomundo que habitamos no pue- de sostener ya otro tipo de ejercicios. Es central para la IAD que tengan un potencial vinculante: ¿Cómo trabajar con el deseo propio para que sea una fuerza que nos acerque a otre?, ¿cómo hacer que lo deseante en nuestras investigaciones sea iluminador también para las demás?, ¿cómo hacer del deseo un lenguaje con cierto espacio común,

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