Las potencias vitales de las tierras fronterizas

102 gativa que decidí seguir hasta caerme del planeta: es sobre ese deseo, ese interés profundo, sobre el que quisiera ensayar en este texto (y por ensayar me refero, literalmente, a intentar). Estas líneas se escriben con casco puesto, con una risa nerviosa y a toda velocidad; como se escribió aquella per- formance, como metí los papeles para llegar a este lugar: intuyendo, sospechando, tropezando. Este texto hace lo posible por ser congruente con su mi- sión de escribir sobre algo vivo y entonces pulsa, prueba, falla, corrige, se agita, hace lo que puede. las gotitas de sudor que se desprenden de su nuca y bajan lentamente por el largo de su espalda han creado ya un profundo surco. el cielo violeta le avisa que tiene solo un par de horas para buscar algún refugio donde pasar la noche o con toda seguridad el arroyo de su espalda va a congelarse. ha llegado justo a tiempo al conjunto de mesetas que había divisado a la distancia, ella suele hacer eso: llegar justo a tiempo. Entonces: las investigaciones artísticas de- seantes. Cuando hablo de las investigaciones artís- ticas deseantes (IAD) me refero a esas pesquisas que pulsan en el cuerpo de quien las emprende con un latido caliente, arrítmico y entusiasta; cuya indagación se siente placentera, cuyo trabajo im- plica un goce ético y profundo. Me refero a esas indagaciones que inauguran maneras distintas de conocer, en las que lo aterrizado de la experiencia y lo fotante de la fuerza especulativa del deseo, son lo que guía el camino. Hablo de esas pregun- tas que se sienten urgentes, porque pareciera que en su interior residen pistas sobre otros modos de existencia, política y poética, que podríamos com- partir con otres. Pienso en esos proyectos que nos interpelan, que nos exigen enunciarnos; que nos hacen imposible arrojar la piedra y esconder la mano pues pareciera que no hay separación entre piedra y mano, me refero a esos proyectos que se sienten como la extensión de una misma. Cuando hablo de investigaciones artísticas deseantes estoy hablando de indagaciones que tienen en su centro, precisamente, una potencia vital; una potencia que sostiene la vida, por lo menos la de la propia inves- tigadora y de quien decida dejarse seducir por la fuerza de su imaginario. “La práctica artística es una forma de ru- miar preguntas con los colmillos más filosos, sí, pero también con la saliva del goce y con la lengua del deseo. Desierto. Deseo. Desierto. Deseo. Desmadre. Qué desmadre. G28993355 vino aquí persiguiendo sus desma… sus desier… sus deseos. El deseo es sa- ber, y mientras ella desea el desierto ella constru- ye un saber sobre el desierto. Aprende del desierto mientras lo anhela y crea al desierto mientras lo anhela y si ella no lo deseara tanto, el desierto de Atacama no existiría”. Eso dije en la " Canción para Irarrázaval" , aquella vez, y el desmadre no ha he- cho más que crecer. la investigadora toca agradecida la base del cuerpo rocoso que se levanta frente a ella, y trepa un poco por sus bordes hasta topar- se de frente con una cueva rodeada de ar- bustos de un verde triste pero elegante. por fin. antes de cruzar la pequeña entrada de la guarida que seguramente la protegerá del frío nocturno, se decide a subir un poco más por la meseta, intentando aprovechar el ratito de luz que todavía tiene por delante. trepa casi a cuatro patas lamentándose, por milé- sima vez en el día, de su mediocre condición física y su terrible equilibrio; esperando que la intensa gravedad que le hizo tan difícil la ca- minata, ahora funcione a su favor ayudándola a no resbalar. después de varios angustiantes minutos llega a una suerte de descanso; no es la cima, pero la vista ya es panorámica desde allí y no está dispuesta a arriesgar una pierna rota por probar un punto. no le interesa adop- tar nada parecido a una pose de conquistador, faltaba más.

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