Catografía lingüistica. Un abordaje desde y hacia la interdisciplinadieradad

70 C A R T O G R Á F I A S L I N G Ü I S T I C A S un plano emocional o político-partidista, reproduciendo así la hegemonía discursiva de sectores conservadores. De manera similar, esta tendencia se reproduce también en contextos de participación política indígena: las intervenciones mapuches en espacios legislativos o de consulta son frecuentemente traducidas o reformuladas por agentes institucionales, lo que transforma sus sentidos originales en formatos considerados aceptables para el aparato estatal (Pairican, 2022). Tal mediación no solo diluye la agencia discursiva de los hablantes, sino que impone una lógica de validación externa que restringe el reconocimiento efectivo. En todos estos casos, se observa cómo el control de la palabra, más allá de los contenidos explícitos, reproduce estructuras de dominación al determinar quién puede hablar, cómo debe hacerlo y en qué condiciones sus palabras son consideradas legítimas. La injusticia discursiva, según Kukla (2014), se manifiesta precisamente en estos procesos de reinterpretación sesgada: cuando las convenciones dominantes impiden que ciertos grupos vean reconocida su agencia lingüística, convirtiendo sus enunciados en actos desvirtuados. Así, los regímenes de valoración social del lenguaje operan como barreras invisibles que excluyen voces desfavorecidas, socavando la posibilidad de participar en el espacio público en igualdad de condiciones. Por consiguiente, podemos decir que la organización social sigue el esquema de la conversación; se toma la palabra, se enuncian discursos, se reciben ideas y se negocian identidades. Discursos injustos: el caso de las leyes y los medios de comunicación masivos Tomando como punto de partida lo anteriormente expuesto, cabe aclarar que el lenguaje, en tanto práctica social, no solo configura formas complejas de interacción, sino que también funciona como un vehículo que moviliza ideologías y reproduce funciones sociales, políticas y culturales (Van Dijk, 1997). En esta línea, Fairclough (1992) sostiene que el discurso es tanto producto como productor de relaciones sociales: la ‘voz’ en la conversación revela y perpetúa jerarquías de poder. Así, las intervenciones de portavoces institucionales suelen recibir mayor validación que las de interlocutores

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