Catografía lingüistica. Un abordaje desde y hacia la interdisciplinadieradad
68 C A R T O G R Á F I A S L I N G Ü I S T I C A S afiliación grupal y establecimiento de la identidad. Las mujeres del mismo grupo, en cambio, favorecían formas cercanas al estándar, aún en contextos informales puesto que su constitución identitaria se orientaba hacia el prestigio manifiesto, es decir, al reconocimiento positivo de una variedad lingüística abiertamente establecido por la sociedad. Si bien autoras como Tannen (1993) advierten que dichas diferencias no se deben entender necesariamente como cualidades de antemano sino como divergencias generadas dentro de contextos comunicativos específicos, Coates y Cameron (1993) admiten que sí existen diferencias comunicativas dadas por expectativas sociales frente a variables como el género, y que estas deben ser estudiadas en interacción con otras características sociales para dar cuenta de las implicancias generales de dichas expectativas en la conformación identitaria. En este sentido, el estigma o el prestigio de una forma lingüística no depende únicamente de sus propiedades estructurales, sino del hablante que la articula y del sistema de valores sociales que media su interpretación pues, como sostiene Chambers (2003), la lengua está imbricada en un “sistema de juicios” que convierte determinados usos lingüísticos en marcadores de estatus, competencia o desviación. La ‘voz’ en la interacción conversacional: un reflejo de la organización social Las repercusiones de la injusticia discursiva son evidentes y comunes. En palabras de Van Dijk (1997) “los usuarios del lenguaje que emplean el discurso realizan actos sociales y participan en la interacción social típicamente en la conversación y en otras formas de diálogo” (p. 21). Es decir, el entramado social se constituye, en principio, en un intercambio entre dos hablantes, quienes actúan sus rasgos identitarios a través de la modulación de la voz. Así, tal como indican los supuestos clásicos del Análisis de la Conversación, es importante atender a la organización de la conducta significativa de las personas, es decir, al modo en el cual los individuos realizan sus actividades y le dan sentido al mundo (Pomerantz y Fehr, 1997) pues el lenguaje supone algo más que una mera representación vital.
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