Catografía lingüistica. Un abordaje desde y hacia la interdisciplinadieradad

58 C A R T O G R Á F I A S L I N G Ü I S T I C A S (Arribas en González e Isshiki, 1986, p. 2). Luego, Arribas destaca el trabajo de romanizar las palabras japonesas en el diccionario, lo cual se entiende como “el proceso de pasar de una escritura no latina a la latina” (Bezos, 2006, p. 149). Ante esto, afirma que “le da al diccionario su originalidad y razón de ser” (Arribas en González e Isshiki, 1986, p. 2). Para reforzar este punto, Arribas continúa mencionando algunos diccionarios español-japonés redactados previamente, todos dentro del siglo XX, que carecen de romanización, como es el caso del Diccionario de la Lengua Española (1927) escrito por Gen Muraoka, erudito y cartógrafo japonés especializado en la traducción japonés- español y en la inmigración japonesa a México. Otros diccionarios mencionados son los diccionarios japonés-español de R.P Juan Calvo O.P. (1933) y Nagata Hirosada y Tai Kataro (1970), el Diccionario español-japonés de Takahashi Masatake (1978), el Diccionario Ilustrado de Español-Japonés de Uritani Ryōhei (1969), el Diccionario Español-Japonés de Miyagi Noboru y Enrique Contreras (1979) y el Diccionario Moderno Japonés-Español del ya mencionado autor Uritani Ryōhei y Miyamoto Hiroshi (1979). Aquí es, entonces, donde radica la importancia de este diccionario. Como fue expuesto anteriormente, este no es el primer diccionario romanizado ni el primero que presenta kanjis, pero sí son escasos los que presentan estos dos formatos de escritura de la lengua japonesa. Siguiendo con la lectura del prólogo, Arribas luego realiza un recorrido cronológico de los primeros diccionarios bilingües español-japonés o viceversa, ya explicados aquí anteriormente, de los cuales afirma que González tuvo inspiración. Por último, Arribas termina el prólogo con una mención al profesor emérito Tadayoshi Isshiki y su vida laboral. Posteriormente, el diccionario incluye una sección titulada Algunas Observaciones , escritas por el mismo Vicente González. Aquí, el autor menciona que la pauta para la redacción del diccionario es el Diccionario de la Lengua Española de la Real Academia Española (en ese tiempo aún llamado DRAE), edición del año 1970. Reconociendo que hay vocablos anticuados en el DRAE y otros de cuño moderno o científico que no están presentes, González afirma que agrega o elimina algunas palabras en la construcción del

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