Catografía lingüistica. Un abordaje desde y hacia la interdisciplinadieradad

50 C A R T O G R Á F I A S L I N G Ü I S T I C A S Mientras España y Portugal competían por tierras y colonias en pleno siglo XVI, Japón pasaba por una gran inestabilidad política marcada por la falta de una autoridad centralizada. Por un lado, estaban los daimyos , que gobernaban terrenos delimitados; y, por otro lado, estaba el emperador, cuya responsabilidad era únicamente moral y no política (Tramon Castillo, 2006). Así, en 1549, cuando llega el jesuita navarro Francisco Javier a las costas de Kagoshima, no sólo introduce el cristianismo en Japón, sino que da paso al primer encuentro entre España y Japón y termina por amenazar la estructura política del país nipón. La llegada de los íberos a Japón implicó diversos cambios en la estructura política y religiosa japonesa. A diferencia del caso, por ejemplo, de América, la evangelización en Japón no tenía un fin violento ni colonizador. Según expone el antropólogo español Carmelo Lisón Tolosana: [Francisco Javier] Entra como nuncio, pero rechaza enfáticamente cualquier pensamiento sobre la conquista del Japón; nada más repugnante y ajeno a la condición misionera. No quiere espadas ni espingardas ni coerción institucional ni imposición de costumbres; quiere ganarlos pacíficamente, por convencimiento libre y aquiescencia personal; quiere convencerles por la sola fuerza de la razón. Se adentra en Japón con una pequeña cruz y un libro de devoción en el bolsillo. (2013, p. 545) El mismo autor afirma que los misioneros se esfuerzan en adquirir las costumbres, pensamiento y modos de vida del otro. Esta inmersión cultural por parte de los misioneros explicaría la rápida aparición de la lexicografía bilingüe, necesaria para la comunicación entre ambos pueblos y culturas, marcada por las primeras gramáticas y vocabularios del japonés escritos por portugueses en 1560, de las cuales, lamentablemente, se ha perdido todo rastro en la actualidad (Jacinto, 2004). Treinta años después, en 1590, llega la imprenta a Japón y “al año siguiente ya se publicaban los primeros libros, por impresores japoneses entrenados por los ibéricos” (Jacinto, 2004, p. 80), y las primeras traducciones de obras occidentales, como las Fábulas de Esopo , a la lengua nipona (Jacinto, 2004).

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