Imperios liberales. Estados Unidos y Francia

95 Imperios Liberales. Estados Unidos y Francia Son ellos, los comunistas, el verdadero foco del mal en el mundo. Los que consideran la carrera armamentista como un malentendido o los que no saben leer en los hechos de la historia la penetración del imperio del mal, se apartan de la lucha entre la verdad y el error, entre el Bien y el Mal. El pecado está presente en el mundo, y en la Escritura, el mismo Señor Jesucristo nos ha encomendado que nos opongamos con todas nuestras fuerzas 46 . * * * Se puede ver claramente la continuidad del espíritu puritano y su síntesis con el nacionalismo en la idea y sentimiento de ser excepcionales: un «pueblo elegido» con una «misión divina». Que Ralph Waldo Emerson, aun siendo un clérigo algo heterodoxo, haya dicho que el nombre de Estados Unidos era visto en su época como «sinónimo de religiosidad», en general, es para ese pueblo una correcta descripción de su pasado y una afirmación obvia. Sin embargo, no es que gran parte de la ciudadanía sea sencillamente religiosa. Se trata de que esa devoción puritana conlleva la concepción de nación excepcional. Una que, en consecuencia, tiene una misión excepcional materializada a través de medios excepcionales (presiones políticas y económicas, y agresiones militares) para conseguir objetivos queridos por su dios. La condición de excepcionalidad y la misión consecuente son inseparables. Cada una implica a la otra. Al ser cristianos son excepcionales y tienen una misión; y tienen una misión porque son cristianos y excepcionales . Esa relación es tan evidente que, a la larga, ha llegado a ser implícita al pasar a la cotidianidad en la cultura nacional a través de la religión, la educación formal, la literatura, los discursos políticos y los diversos productos de la industria cultural (sobre todo televisivos y cinematográficos). 46 Más allá de la opinión que se tenga del régimen cubano, la homologación entre comunismo y satanismo no puede dejar de tomarse en cuenta para explicar la saña de Washington contra la isla. Tampoco ha de ser menor la afrenta de no derrotar, en más de sesenta años, a un pequeño país tercermundista y racialmente inferior.

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