Imperios liberales. Estados Unidos y Francia
91 Imperios Liberales. Estados Unidos y Francia En el siglo XIX, seguirá intacta la fe nacional en el rol especial que deben desempeñar en el mundo. Así lo expresaba piadosamente el jurista germano-estadounidense Francis Lieber: «Dios nos ha dado este gran país para un gran propósito. Él nos lo ha dado, así como les ha dado Palestina a los hebreos». También durante el siglo XIX, la continuación de los asesinatos masivos de los miembros de los pueblos indígenas y la violenta anexión de las tres quintas partes del territorio de México se justificó en ambas cámaras del Congreso y en la prensa expansionista, por la urgencia de obedecer el designio bíblico del Génesis 1, 28, que les mandaba hacer fructificar la tierra 40 . En el caso mexicano, se asumió que dicho territorio se mantendría infértil de seguir en manos de razas inferiores: el mestizaje en esas excolonias españolas –¡fuera de ser considerado una violación de las leyes naturales!– había dado a luz una raza de «imbéciles y pusilánimes», al punto de ser «incapaces de controlar los destinos de aquel bello país». No cabía la menor duda de que eran los anglosajones de la rama estadounidense, los indicados para apropiarse de México y así obedecer la voluntad de Dios al hacerlo fructificar. No se trataba de violencia gratuita ni de codicia mundana, el punto era glorificar a la divinidad obedeciendo Su voluntad 41 . En ese mismo sentido bíblico y en cuanto al Oeste, Andrew Jackson, presidente que fuera el azote de los pueblos nativos, se preguntaba retóricamente: «qué hombre de bien preferiría un país cubierto por bosques y habitado por unos miles de salvajes a nuestra extensa república (...) ocupada por más de 12.000.000 de gente feliz 40 La mención de este versículo es muy común entre los puritanos: «Los bendijo Dios y les dijo: ‘Fructificad y multiplicaos; llenad la tierra y sometedla; ejerced potestad sobre los peces del mar, las aves de los cielos y todas las bestias que se mueven sobre la tierra’». En Génesis (9, 1-4) se expone que la divinidad pactó con Noé en términos similares. 41 El racismo estadounidense que apoyó en su momento la expansión hacia el Sur –antes de que se impusiera el convencimiento en la incompatibilidad racial entre anglosajones y los oscuros pueblos de Latinoamérica–, queda todavía más en evidencia cuando se sabe que Canadá siempre estuvo en la mira de la Unión. Mas, al tenérsela como una nación racialmente hermana, debía ser atraída y no tomada por la fuerza. La rudeza de Trump al afirmar que Canadá debería ser el Estado 51 de la Unión es una excepción de forma, más no en el fondo.
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