Imperios liberales. Estados Unidos y Francia

90 Estados Unidos de América por voluntad divina. En 1765 escribió en su diario respecto, al para él, mítico asentamiento de los inmigrantes puritanos por medio de la conquista: Siempre pienso en la colonización de América [Estados Unidos] con reverencia y asombro, como el inicio de un gran escenario y designio de la Providencia para la iluminación del ignorante, y la emancipación de la parte esclavizada del género humano en toda la tierra 39 . Después de estructurarse las trece colonias en una república, la piedad puritana ya estadounidense propiamente tal, seguía convencida de su excepcionalidad y consiguiente papel protagónico y ejemplar en el mundo por designio providencial. La conformación de la república llegó a tenerse por un signo del inicio de un milenio de felicidad, paz y progreso. En esa edad dorada su excepcional población jugaría, con la anuencia de su dios, el rol de irradiar el esplendor de su religión, instituciones políticas y cultura al resto de las naciones. A fines del siglo XVIII, Thomas Jefferson mostraba su certeza de que «el pueblo norteamericano era un pueblo elegido, dotado de fuerza y sabiduría superiores», por lo cual eran «la más pura esperanza del mundo». No por nada, en la Declaración de Independencia , aquel expresó su «absoluta confianza en la protección de la Divina Providencia» a la nueva república. Por su parte, el «venerable» Benjamin Franklin, otro de los «padres fundadores», también compartía esa fe en que la Providencia les había reservado un lugar preeminente en la lucha por la felicidad de la humanidad. Hubiera sido en extremo extraño que algún miembro de esta nueva república ejemplar y sin parangón, tuviera la menor duda de su excepcionalidad. 39 Lo más probable es que la referencia a la esclavitud sea a una de tipo política y espiritual: la opresión de las monarquías europeas y el encadenamiento al pecado, y el desconocimiento del cristianismo, respectivamente. El acuerdo de Adams con la esclavitud le impedía ver contradiccio- nes entre sus palabras y su propia sociedad.

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