Imperios liberales. Estados Unidos y Francia

89 Imperios Liberales. Estados Unidos y Francia diablos y salvajes adoradores de demonios». En ese contexto de rabiosa devoción, concebir en tanto demonios a los ocupantes de las tierras codiciadas, ha de haber sido un argumento de peso, eficaz y tranquilizador... para asesinarlos y apropiarse luego de su territorio y expulsar o esclavizar a los sobrevivientes. En todo caso, el religioso vate expresaba una creencia compartida entre los colonos puritanos, al señalar que Nueva Inglaterra era territorio de Dios y por eso mismo tendría un destacado rol a futuro: Donde Satán tuvo su cetro Durante muchas generaciones, El Rey de Reyes [Jesús] estableció su trono Para gobernar entre las naciones 37 . Para fines del siglo XVII, la usurpación de territorio indígena como mandato de su dios o con Su aval dieron fruto para los devotos colonos «elegidos» a través de masacres de nativos. Como señalaba el capitán John Mason, al rememorar el exterminio referido más arriba de la aldea pequot en 1637, los colonos estaban bajo la protección divina: «El Señor tuvo a bien destruir a nuestros enemigos y darnos su tierra por herencia». En la década de 1690 John Archdale, gobernador de Carolina, mantenía el mismo discurso devoto: «la mano de Dios se ha visto claramente en el debilitamiento de los indios, para hacer lugar a los ingleses» 38 . En la segunda mitad del siglo siguiente, John Adams, uno de los «padres fundadores» de Estados Unidos y su segundo presidente, mantenía viva la idea de un pueblo excepcional al haber sido elegido 37 Esa identificación de los nativos con Satanás era de vieja data entre estos fanáticos de la religión y de la apropiación de tierras ajenas. Antes, en la década del veinte, sir Edward Coke exponía la enemistad crónica de los colonos y los pueblos indígenas: «entre ellos, como con los diablos, cuyos súbditos son, y los cristianos, hay una hostilidad perpetua, y no puede haber paz». Luego, a prin- cipios del siglo XVIII, Cotton Mather, predicador de Boston, insistirá en relacionar a los nativos con el diablo: «No sabemos cuándo ni cómo estos indios comenzaron a ser habitantes del gran continente [América del Norte]; pero podemos conjeturar que probablemente el Demonio atrajo aquí a estos miserables salvajes con la esperanza de que el evangelio de Nuestro Señor Jesucristo no vendría nunca a destruir o perturbar su imperio absoluto sobre ellos». 38 Esa «mano de Dios» se valía asimismo de singulares componendas: al oeste de Pensilvania los inmigrantes cuáqueros, a quienes su fe prohibía hacer la guerra, armaron y utilizaron a los iroque- ses para expulsar a los delawares y shawnís y, luego de esa «limpieza étnica», les compraron esas tierras a sus mercenarios nativos.

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