Imperios liberales. Estados Unidos y Francia
85 Imperios Liberales. Estados Unidos y Francia Sugiero firmemente que nuestras peculiaridades geográficas pueden exigir un código distinto de la ley natural para gobernar las relaciones con otras naciones. En otras palabras, es tal la excepcionalidad que Jefferson le concedía al país, ¡que ni siquiera se debería regir por la «ley natural»! O sea, por aquella ley que, como es el caso de la legítima defensa, es evidente por la obviedad de sus dictados. Si para el puritanismo la ley natural corresponde a la voluntad divina en general, el pueblo estadounidense se regiría por una legislación todavía más singular elaborada exclusivamente para ellos por su dios. Dentro de las normas especialísimas de la Deidad, a ellos se los habría señalado con una aún más específica dada su condición de nación excepcional. Mitt Romney, excandidato presidencial republicano y mormón, lo sostuvo en 2011 con plena claridad: Dios no creó a este país para que fuera una nación de seguidores. Estados Unidos no está destinado a ser uno de los varios poderes globales en equilibrio (...) Estados Unidos debe conducir al mundo o lo harán otros 32 . Es obvio que un pueblo con fervorosa fe en su posición pree- minente en la Tierra estima inaceptable someterse a las reglas o leyes vigentes para el resto de las naciones ordinarias, pueblos condenados o no tan elegidos. ¡Hasta de las reglas o leyes evidentes en sí mismas!, de donde se constata que las agresiones y violaciones a la legalidad internacional están justificadas desde su autoconstruida legitimidad mesiánica, la cual reconoce un marco normativo especial para sí. Más allá de los argumentos específicos de cada época y de sus ejecutores, el punto es que Estados Unidos está facultado por la más alta autoridad del universo para hacerlo en nombre de lo que ellos mismos, como los fieles intérpretes de la voluntad de su dios, han definido como «Bien». El cual, curiosa y casualmente, termina siendo el bien para sí mismos... y, al mismo tiempo, curiosa y casualmente, conlleva el mal para los otros. Lo cual ha ocurrido por más que durante su historia los discursos sobre el bien y el mal hayan podido ser sinceros. 32 La doctrina reformada de la predestinación sostiene que existe un segundo grado de elección divina, es decir, entre Sus elegidos hay grupos más preferidos que otros.
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