Imperios liberales. Estados Unidos y Francia
77 Imperios Liberales. Estados Unidos y Francia Pocos han objetado en Estados Unidos el espíritu del «destino manifiesto» porque, paradójicamente, esa república nació imperialista. Ya George Washington, su primer presidente, en su mensaje de despedida de su mandato, urge por el control del Oeste a fin de convertir al país en un imperio continental. Thomas Jefferson, autor de la Declaración de Independencia y tercer presidente de la república, es tajante al respecto: «Estoy persuadido de que ninguna constitución fue nunca antes tan bien proyectada como la nuestra para el imperio anchuroso y el autogobierno». No por nada fue el primer mandatario en hablar de un «imperio de la Libertad», el cual cruzaría el continente desde el Atlántico al Pacífico y estaba llamado a ser el más grande y glorioso «desde la Creación hasta hoy» 27 . En el fondo, el concepto de «destino manifiesto» vino a nombrar una concepción religiosa y geopolítica (o viceversa) que, en su esencia, ha estado viva desde la colonización puritana de Norteamérica a la fecha. Por esa creencia, para gran parte de la ciudadanía estadounidense, no hay ningún problema en asumir orgullosamente la misión que les ha impuesto su dios. Esa idea se sustenta en la doctrina calvinista de la elección por la Deidad de ciertas naciones y en la consiguiente obligación de aquellas de materializar Su voluntad en la Tierra. Los «elegidos» deben someter a la ley divina a lo natural no humano y a los «condenados». Estos corresponden a los extranjeros (quienes por tal lógica de por sí son paganos ), a las razas inferiores y a todos los caracterizados, en tanto impíos desde el fundamentalismo cristiano del puritanismo anglosajón. Por su parte, la exclusión hacia adentro de la propia nación se explica por la misma doctrina de la elección divina. Estos condenados internos serían los pobres y en general las razas inferiores o no anglosajonas que habitan dentro de sus fronteras 27 Las loas de Jefferson a la Constitución no impidieron a su expansionismo pasarle por encima: ante la inconstitucional adquisición de Luisiana a Francia en 1803 –paso básico para construir ese «imperio de la Libertad»–, calificó de «sutilezas metafísicas» las normas esgrimidas por algu- nos congresistas para oponerse a la compra. Con el tiempo, el pago por territorios y su inclusión en la Unión no causarían polémica alguna. Del mismo modo, en su afán de superar al Imperio Británico, Jefferson proyectaba la anexión de Canadá y Cuba, lo que, según él, «podría suceder durante la próxima guerra».
Made with FlippingBook
RkJQdWJsaXNoZXIy Mzc3MTg=