Imperios liberales. Estados Unidos y Francia
76 Estados Unidos de América mundial que a corto plazo tendría su nación. Un análisis-propues- ta-profecía que, con variaciones formales, sigue vigente: «América [Estados Unidos] (…) ha dado el ejemplo y ha indicado el método» para la «regeneración política de la humanidad». La rama estadou- nidense de la «raza inglesa» llevará el «principio del federalismo» al resto del mundo. Esa difusión es «una de las contribuciones más im- portantes que la raza inglesa ha hecho al trabajo general de la civili- zación» y ahí radica la «fe en este triunfo final del bien sobre el mal». De tal manera, Estados Unidos se impondrá a las «razas bárbaras» trayendo unión y paz a las «naciones civilizadas y cristianas»: «Solo entonces se puede decir que el mundo se ha vuelto verdaderamente cristiano». Como es posible constatar, para el filósofo e historiador, el resto de los pueblos y países no son más que espectadores del glorioso «destino manifiesto» de su patria. Si se llegaran a oponer a aquel, serán integrados a la «civilización» a través de la fuerza por ese «pueblo tan pacífico» que es el estadounidense 26 . Esa integración por medio de la agresión armada, al tomar en cuenta la cultura nacional, tal vez no sea algo tan negativo para las que Fiske llamaba «razas bárbaras». Considérese que, en 1894, Theodore Roosevelt, futuro presidente republicano, les advertía a las «razas inferiores» que, si llegaban a agredir a una «superior», a esta le estaría permitido desencadenar «una guerra de exterminio» en la cual podría «matar hombres, mujeres y niños, exactamente como si se tratara de una Cruzada». Declaraciones que, en el fondo, no di- ferían de la visión del antes citado progresista pastor Josiah Strong, quien al celebrar «el genio de la colonización» entiende que conlle- vará la inexorable «extinción de las razas inferiores». La agresión y el consiguiente sometimiento son cuestiones justificadas, sin el menor asomo de duda, por el racismo y la religión. Porque, desde esa perspectiva, es evidente que Dios da cualidades a algunas razas en desmedro de otras y así las predestina moralmente a través de la biología. La irrefutabilidad de la ciencia occidental y la religión ver- dadera construían un proyecto imperial incuestionable e inevitable. 26 Fiske es un ejemplo de la tradicional mitología nacional: el pueblo de la Unión, como parte de la «civilización», es en esencia «pacífico» al tiempo que somete militarmente a las violentas «razas bárbaras».
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