Imperios liberales. Estados Unidos y Francia
75 Imperios Liberales. Estados Unidos y Francia Kennedy: «Hoy en día nuestras fronteras se encuentran en todos los continentes». El nuevo imperialismo lleva esas fronteras, en el fondo a la Agencia Central de Inteligencia (CIA, por su nombre en inglés) y a los marines –cuerpo de Infantería de Marina: la fuerza expedicionaria o de agresión exterior más importante de Estados Unidos– donde quiera que exista un interés por un recurso o producto. Se insiste en que el «destino manifiesto» tiene un gran poder explicativo del espíritu y acciones de Estados Unidos, por más que haya sido un concepto enunciado a mediados del siglo XIX a propósito de asegurar Oregón. Es más, puede comprenderse hasta como una hoja de ruta. En la Unión es común no ver contradicción alguna entre su imperialismo y la «libertad» y el «gobierno propio» que menciona O’Sullivan en su escrito. Sin problemas de conciencia ni contradicciones lógicas, se puede liberar una nación invadiéndola, sometiéndola, masacrando a su población y apropiándose de sus riquezas. Sin embargo, por más insólito que parezca, la legitimación de esas acciones criminales se apoya en un discurso –con diferentes grados de sinceridad y, por cierto, de hipocresía a través de los años– que sostiene una piadosa búsqueda del bien de la especie humana en su conjunto. El Estado y el pueblo aceptan la responsabilidad y asumen los costos monetarios y humanos incluidos en el destino que manifiestamente su dios les ha encargado. Es una expresión más de la pesada y no siempre reconocida «carga del hombre blanco», quien, en este caso, además es un fiel cristiano y con profundos ideales democráticos como corresponde a los miembros de una república liberal 25 . Como caso modélico de ese punto de vista se puede acudir a John Fiske, filósofo e historiador estadounidense, quien en 1880 utilizó el concepto «destino manifiesto» para plantear el gran rol 25 Rudyard Kipling, escritor imperialista y racista británico, publica en 1899 su poema «La carga del hombre blanco» en donde describe la responsabilidad civilizadora del Imperio Británico en el mundo. Con mayor razón en sus dominios no blancos donde se enfrentaba a la incomprensión y hasta a las agresiones de los pueblos oscuros (por su piel y moral) que se negaban a ser elevados . La perspectiva de Kipling puede ser aplicada sin problemas a la experiencia imperial estadounidense.
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