Imperios liberales: Estados Unidos y Francia

71 Imperios Liberales. Estados Unidos y Francia «la historia de Estados Unidos es hoy fundamento de la historia del mundo». Al ser una «gran república», propagar su cultura es parte de una misión intrínseca del país. Pocos años después, el presidente demócrata Woodrow Wilson –quien, junto con declarar el papel de gendarme internacional para la Unión, sostenía que lo aceptaban «aun en contra de su voluntad»–, sería rotundo en cuanto al rol de su nación: «Los Estados Unidos poseen el infinito privilegio de realizar su destino y de salvar al mundo». Por su parte, a fines del siglo pasado Pat Buchanan, político republicano y consejero de los presidentes Nixon, Ford y Reagan, expresaba: «Nuestra cultura es superior porque nuestra religión es el Cristianismo». Todas estas declaraciones no se diferencian mucho de las de John McCain, senador republicano y excandidato presidencial, a comienzos de la presente centuria: Estados Unidos es la mayor fuerza del bien en el mundo; tenemos la obligación si no de empezar guerras, sí de extender la libertad y la democracia. En realidad, las palabras de Roosevelt, Wilson, Reagan, Buchanan o McCain, podrían haber sido pronunciadas por cualquier estadounidense desde el siglo XVIII a la fecha (o antes por cualquier colono puritano). Tal discurso es un reflejo de la certidumbre en su providencial «destino manifiesto». Este término, a pesar de haberse acuñado en 1845 por el periodista John O’Sullivan, es una acertada etiqueta del espíritu que, desde los tiempos coloniales hasta la actualidad, se encuentra entre las y los estadounidenses: Porque nuestro derecho es el derecho de nuestro destino manifiesto a extendernos y a poseer todo el continente que la Providencia nos ha concedido para desarrollar el gran experimento de la libertad y del gobierno propio federal que nos ha sido confiado. El asunto al cual se refería en aquel momento O’Sullivan tenía que ver con la pugna entre Washington y Gran Bretaña por Oregón. Pero más allá de esa cuestión particular, prontamente la esperanza de ensanchar sus fronteras los llevó a pensar en toda Norteamérica y también en Centroamérica. A mediados del siglo

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