Imperios liberales: Estados Unidos y Francia
66 Estados Unidos de América de diez mil años» y un 38% aceptó que la evolución de la humanidad durante millones de años fue un proceso guiado por Dios (más allá de sus diferencias específicas, ¡un 83% tiene una visión religiosa al respecto!). Para 2019 un 30% sigue creyendo en el Creacionismo, y en 2022 otro estudio de opinión de Gallup señaló que la creencia en Dios alcanzó el 81% (un resultado que, siendo alto, es el más bajo de la historia del país) 15 . También es gráfico de la piedad de Estados Unidos que, a principios del siglo XXI, unos 50 millones de cristianos evangélicos se opusieran al plan de paz entre Israel y los palestinos de George W. Bush, él mismo, un evangélico fundamentalista. Sus motivos se cimentaban en la Biblia : la entrega a los últimos de parte de la tierra prometida por Jehová a su «pueblo elegido» retrasaría la segunda venida de Jesús. De hecho, al tomar en cuenta el rol de la ocupación israelí de Palestina para el cumplimiento de esa profecía, se puede especular que el irrestricto apoyo de los gobiernos y de parte importante del pueblo estadounidense a Israel –hasta en el caso de sus múltiples violaciones del Derecho Internacional y de los derechos humanos, crímenes de guerra y contra la humanidad–, se fundamenta en cuestiones espirituales. De tal forma, en las estrechas relaciones entre la Casa Blanca y Tel Aviv se entremezclan los motivos económicos y geopolíticos con los religiosos. Por un lado, el lobby judío en Estados Unidos aviva el sentimiento milenarista de los evangélicos fundamentalistas; y, por otro lado, Israel es el brazo armado de Washington a cargo de resguardar sus intereses en Medio Oriente. Una visión secular de la política no debe ignorar o menospreciar los motivos religiosos cuando se sopesa el vínculo entre la Unión e Israel. Se entiende entonces que está lejos de ser una opinión a título personal cuando la congresista Elise Stefanik, designada por Trump como su embajadora ante la 15 En cuanto a la religiosidad de la Unión se debe considerar, igualmente, que las doctrinas cristia- nas y la Biblia han pasado a formar parte de su cultura (en general explícitamente, pero asimismo de forma implícita). Lo que no debe llevar al error de ignorar esa influencia y, se insiste, asumir una secularización. Esta seguridad permite citar encuestas más allá de lo cuestionables que pue- den ser desde un análisis estadístico crítico.
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