Imperios liberales. Estados Unidos y Francia

63 Imperios Liberales. Estados Unidos y Francia dictorio paisaje piadoso, no eran más que expresiones de un mismo y monolítico dominio del cristianismo puritano. Imperio que, por lo demás, era indiscutido y profundamente sentido por todas las clases sociales. Para ayudar a explicar ese proceso, además del rol que en él jugaron el Estado y el sistema educativo, es necesario llamar la aten- ción sobre el escenario de fondo en que se estaba dando ese consenso devoto. Deben tomarse en cuenta los avivamientos religiosos popu- lares, que se conocen con los nombres de Primer y Segundo Gran Despertar, ocurridos a mediados del siglo XVIII y a principios del XIX, respectivamente. Ambos se extendieron a través del país por años y podría decirse que terminaron caracterizando la religiosidad estadounidense y la propia cultura nacional o el talante de su pueblo. Tal como la homogenización resultante del «movimiento pu- ritano» inglés del siglo XVII, los avivamientos ayudaron a conformar una piedad simplificada y prioritariamente experiencial , compartida por las diferentes iglesias reformadas y protestantes, pero sobre todo en las evangélicas (léase «no históricas» o no nacidas de la Reforma protestante del siglo XVI). De esa manera, se terminó realzando la figura del predicador en tanto individuo tocado por la gracia y la «ex- periencia mística individual» de los fieles (lo que un ilustrado euro- peo llamaría con desdén «entusiasmo»: fe sin prueba racional). Este tipo de cristianismo se alejó del modelo de las iglesias «históricas» con su clero jerárquico y un énfasis más teológico 12 . Entonces, más allá de la prohibición legal por la Corte Suprema de Estados Unidos en 1962 de la oración en las escuelas 12 Debe recordarse que el puritanismo inglés desconfiaba de la razón por estar corrompida por el pecado original y se rechazaban los cuestionamientos doctrinales porque podrían llevar a la duda religiosa (considerada muestra de una fe insuficiente y, por ende, señal de condenación). El fideís- mo simplificado estadounidense se ha expresado incluso de modo anti intelectual, tómense en cuenta dos ejemplos: el encuestador George Gallup señalaba que «Los norteamericanos [estadou- nidenses] dicen que creen en los Diez Mandamientos, pero no los pueden mencionar» y grupos religiosos conservadores siguen cuestionando la Teoría de la Evolución desde el Creacionismo y su lectura literal del Génesis . Finalmente, no se puede dejar de mencionar la difusión contemporánea de una versión extrema del «Evangelio de la prosperidad» que vincula lo material y el dinero con el agrado de Dios de forma ramplona y voluntarista (e, incluso, más de alguien podría decir idólatra ).

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