Imperios liberales. Estados Unidos y Francia
62 Estados Unidos de América En el siglo XIX, ese firme cimiento piadoso colonial fue reafirmado, cuando bajo los mismos principios místicos, el Estado se hizo cargo de la educación escolar al considerarla un derecho 10 . Horace Mann, un destacado intelectual de la época dedicado a la educación y también a la política por el partido whig , afirmaba que, si bien las escuelas públicas no eran seminarios teológicos, la religión era una cuestión central en ellas: «nuestro sistema inculca con mucha seriedad la moral cristiana en todos sus aspectos». Para Mann, en una posición que estaba lejos de ser minoritaria en el país, los principios morales del sistema educativo provenían del cristianismo, y en su opinión, aquel acogía «con beneplácito la religión de la Biblia» 11 . El consenso general estadounidense en cuanto a la importancia del cristianismo lo resume bien el poeta Walt Whitman: «Yo digo que la verdadera y permanente grandeza de estos Estados [de la Unión] ha de ser su religión; de otro modo, no hay grandeza verdadera ni permanente». Perspectiva que, del mismo modo, puede ubicarse en otros escritores e intelectuales de la segunda mitad del siglo XIX. El escritor Herman Melville decía: «Nosotros los norteamericanos somos el peculiar pueblo elegido: el Israel de nuestro tiempo». Por su parte, el clérigo y filósofo Ralph Waldo Emerson afirmaba: «nuestra historia entera parece ser un último esfuerzo de la Divina Providencia en favor de la especie humana». Esa certeza devota y el fuerte sentimiento a que da lugar ser- virá para conformar una uniformidad religiosa que se sostuvo y re- produjo sobre cimientos comunes. Respecto de tal homogeneidad, en un marco de diversidad dentro del cristianismo protestante y re- formado, el antes citado Alexis de Tocqueville señaló: «Cada secta adora a Dios a su manera, pero todas las sectas predican la misma moral en nombre de Dios». Si bien, la gran cantidad de confesiones diferentes podían dar la impresión de un muy variado y hasta contra- 10 En la tradición puritana los derechos son medios para cumplir con la voluntad divina, lo cual en este caso se relaciona a los fundamentos morales cristianos que entregaba la escuela para la vida social y política republicana. 11 El cuadro de una educación al alero de la religión se completa al considerar que ya durante la época colonial se fundaron universidades confesionales como Yale, Princeton o Harvard.
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