Imperios liberales. Estados Unidos y Francia

60 Estados Unidos de América nos prohíben la idea de que puede existir la moral nacional sin los principios de la religión». Washington, como un fiel representante de sus compatriotas, recalcaba que no debía haber ninguna confusión al respecto: Estados Unidos no es un Estado laico . Con un convencimiento devoto similar, John Adams, sucesor de Washington en la primera magistratura, declaraba que la «Constitución está hecha solo para una gente moral y religiosa». No es extraño entonces que Adams deseara celebrar cada año la independencia de Gran Bretaña, evento considerado un fruto directo del plan y providencia divina para los norteamericanos de la época, «con actos solemnes de devoción a Dios todopoderoso». Si bien, como se expuso, desde el origen de la Unión se estableció que no existiría una iglesia estatal oficial, es evidente que el Estado central fomentaba un contexto religioso puritano común. Aunque empapado de valores cristianos, no favorecía a ninguna denominación en particular. Al mismo tiempo, los diversos Estados asociados daban un tratamiento igualitario a las diferentes iglesias e incorporaron esos valores a sus respectivos gobiernos. Ejemplo de ello son las referencias religiosas en algunas de sus constituciones: «el Autor de la existencia», en Pennsylvania (1776); «Dios», en Maryland (1776); «Dios Todopoderoso», en Carolina del Norte (1776) y en Vermont (1776) o «el Ser Supremo, el Gran Creador y Preservador del universo», en Massachusetts (1780). Al ser el cristianismo la religión del Estado Federal y de los Estados federados, se aseguraba la libertad de culto entre las distintas confesiones de aquella religión, lo cual, a pesar del resquemor de protestantes y reformados, valía hasta para la siempre sospechosa y resistida minoría «papista». Bajo esa organización político-confesional no tenían sentido las querellas religiosas violentas o su expresión en la política al beligerante modo inglés del siglo XVII. Las persecuciones que por su disidencia o no conformismo con la Iglesia Anglicana sufrieron los «padres peregrinos» a manos de un Estado que hacía las veces de brazo armado de dicha Iglesia, fueron un sólido argumento para no replicar la organización de un credo oficial estatal con pretensiones de jurisdicción nacional. Además, las guerras religiosas de Europa

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