Imperios liberales. Estados Unidos y Francia
59 Imperios Liberales. Estados Unidos y Francia que la «democracia [estadounidense] es la expresión política de una religión profundamente sentida» por su pueblo. Años más tarde, el pastor evangélico fundamentalista Jerry Falwell, afirmaba con sus palabras el sentimiento que la gran mayoría de sus compatriotas ha compartido a través del tiempo: Creo que Norteamérica [Estados Unidos] ha alcanzado el pináculo de grandeza como ninguna otra nación en la historia humana porque nuestros Padres Fundadores establecieron las leyes y los preceptos norteamericanos [estadounidenses] sobre los principios registrados en la ley de Dios [la Biblia ], incluyendo los Diez Mandamientos. El cristianismo ha sido una fuerza poderosa en la historia y cultura de Estados Unidos. Ya la Revolución contra Gran Bretaña y el triunfo de los colonos fue concebido como un hecho religioso y parte de un plan providencial. Por tanto, no debe sorprender a nadie que en la joven república no se concebía su sistema político sin el aval moral y la fuerza aglutinadora del cristianismo. Es más, se asumió que su forma de gobierno era parte de la voluntad de la deidad. No es extraño, entonces, que en 1789 la Cámara de Representantes estableciera, legalmente y por un amplio margen, un día nacional de oración y acción de gracias. La piadosa ciudadanía de la nueva república federal estaba consciente de su deber de glorificar a la divinidad por haberla elegido. Tal predilección, y he ahí uno de los motivos evidentes de su gratitud, los haría gozar de las consiguientes dádivas de Su gracia. Por su parte, George Washington, sacristán anglicano en su pueblo antes de dedicarse a la vida militar y política, en sus alocuciones hacía constantes referencias a la Providencia, sobre todo al referirse al país (al igual que lo hacía Benjamin Franklin). Específicamente, en su discurso de despedida de la presidencia, en 1796, señalaba que salvo «ínfimas diferencias» los estadounidenses tenían «lamisma religión, educación, los mismos hábitos y principios políticos». En su opinión, que estaba lejos de ser minoritaria, la nación contaba con el aval divino y debía fundar su vida política en el cristianismo. Para este padre fundador, «la razón y la experiencia
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