Imperios liberales. Estados Unidos y Francia

58 Estados Unidos de América Todo ello, continúa, se «deja en manos de los estados». De modo que el texto de la Primera Enmienda a la Constitución expresamente afirma en sus primeras líneas: …el Congreso [Federal] no puede crear ninguna ley que establezca una religión oficial o prohibir el libre ejercicio de una religión en particular. Sin embargo, la letra de la Enmienda no debe llamar a error respecto a su espíritu. Ser una nación cristiana fue el objetivo explícito de sus «padres fundadores» en los albores de la emancipación de Gran Bretaña y ello se mantuvo firme después de declarar su independencia en 1776. Al igual que antes el empeño de los «padres peregrinos», arribados en 1620 luego de su viaje por el Atlántico en el Mayflower desde Europa, fue ser una estricta comunidad de «santos» en una «Nueva Jerusalén» 8 . Es imposible alcanzar una comprensión cabal de Estados Unidos sin tomar en cuenta la variable religiosa cristiana. En la primera mitad del siglo XIX, Alexis de Tocqueville, perspicaz observador francés de la Unión, escribió que en el país «la religión [cristiana] es indispensable para la preservación de las instituciones republicanas». Sus afirmaciones serán coincidentes en la misma época con las de Elena de White, fundadora de la Iglesia Adventista del Séptimo Día. Para ella, «el republicanismo y el protestantismo [léase puritanismo] vinieron a ser los principios fundamentales de la nación. Estos principios son el secreto de su poder y de su prosperidad». Luego, amediados del siglo XX, Dwight Eisenhower, exmilitar devenido en político republicano que llegará a ser presidente, declaró 8 La mitología patriótica de Estados Unidos asume dos paternidades nacionales: los «padres pe- regrinos» y los «padres fundadores». Los primeros son el grupo de inmigrantes calvinistas que se establecieron inicialmente en Norteamérica, en su huida del ambiente represivo de Inglaterra contra los no conformistas o disidentes de la oficial Iglesia Anglicana. Su rígida piedad se refleja en que antes intentaron asentarse en la calvinista Holanda; no obstante, haciendo honor a su apelativo de «puritanos» (en su acepción moralista e, incluso, mojigata), la abandonaron por con- siderarla demasiado «mundana». Los segundos constituyen la élite socioeconómica que encabezó la rebelión contra la Corona británica y fundó la República; siendo entre ellos los más reconocidos George Washington, Benjamin Franklin, John Adams, Thomas Jefferson y Alexander Hamilton.

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