Imperios liberales. Estados Unidos y Francia
55 Imperios Liberales. Estados Unidos y Francia más gráfica muestra de lo que es dicho país, en tanto heredero de las ideas burguesas-puritanas. A la fecha, el Evangelio de la Prosperidad que vincula las bendiciones materiales (en especial, el dinero) con una buena relación con la divinidad, pese a no ser la línea dominante dentro del cristianismo evangélico estadounidense, da el tono de la cuestión de fondo en cuanto a los acentos materialistas y utilitarios de la fe puritana, los cuales se remontan a los tiempos coloniales. El Evangelio de la Prosperidad está en línea con el acento de la doc- trina puritana, importada desde Inglaterra en el siglo XVII, respecto de que la gracia de Dios para con Sus «elegidos» se expresa en lo material. En ese sentido, se comprenden las palabras del predicador Joseph Sewall, en 1730, que dan cuenta de ese momento en Nueva Inglaterra y, a la vez, del futuro de Estados Unidos: A Dios plugo sonreír a nuestras mercancías, a nuestra navegación, a nuestro comercio y a nuestros negocios. Una particular fe cristiana relacionada con el dinero y, con- secuentemente, con el clasismo y el poder derivado de la posición socioeconómica, en muchos sentidos, es Estados Unidos. Al mismo tiempo, aquella es una tríada muy ilustrada. Para comprenderla se debe hacer historia y remontarse a lo que pudiera considerarse la primera revolución burguesa moderna: la Revolución inglesa contra el absolutista y católico Jacobo II. Esta sublevación –adjetivada como Gloriosa por los propios ingleses– culminó en 1689: 87 años antes de la Revolución estadounidense y un siglo antes de la francesa 2 . La transversal insurrección contra Jacobo II encabezada por el Parlamento fue a todas luces un acontecimiento político-religioso. En él se alzaron triunfantes los miembros de la burguesía propietaria o los puritanos conservadores. En el orden surgido de la Revolución, la nueva élite mantuvo la tradicional exclusión de las clases bajas, tanto del poder político como de la influencia socioeconómica; y, con mayor razón, lo hizo en el caso de los grupos más radicales del movimiento puritano. No estaban los tiempos para que la burguesía 2 De tomarse en cuenta la Segunda Guerra Civil inglesa y la decapitación de Carlos I en 1649, dicha nación llevó a cabo una revolución burguesa contra el poder monárquico 127 años antes que los colonos de sus territorios norteamericanos y 140 años antes que Francia.
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