Imperios liberales: Estados Unidos y Francia

54 Estados Unidos de América I. Un imperio cristiano La cita que figura al inicio de este capítulo del erudito pastor reformado Cotton Mather, escrita en el umbral del siglo XVIII, da cuenta de las desalentadoras dudas que estaba despertando el expe- rimento social, político y religioso de la colonia de Nueva Inglaterra. Caso que puede tomarse a modo de paradigma de las colonias britá- nicas que, en la segunda mitad de esa centuria, conformarán Estados Unidos de América. Mather estaba cuestionando el plan de instau- rar el «Reino de Dios» en una tierra libre de la intolerancia religiosa y de la decadencia moral de Inglaterra (y de Europa Occidental, en general). Mas, no se puede dejar de señalar la ironía no menor en el afán y crítica de Mather. En primer lugar, la pretensión de huir de los males ingleses no significó cortar la relación intelectual con ese país. No podría ser de otro modo. En términos ideológicos Estados Unidos es un fruto de la Ilustración inglesa –y luego de la británica propiamente tal– o su último eslabón. En segundo lugar, la impor- tancia superlativa que se le estaba dando a lo material y a lo utilita- rio, nunca fue una negación del cristianismo. Al menos de un tipo específico de él: la espiritualidad derivada del «movimiento purita- no» inglés de raíz calvinista o reformada, sería el sello de la religión de la futura Unión norteamericana 1 . Esa relación con la Inglaterra ilustrada y su singular mis- ticismo materialista y utilitario puede ejemplificarse en el lema de los dólares estadounidenses: In God We Trust (En Dios confiamos). Esta demostración de fe impresa en la moneda nacional es quizás la 1 El concepto de «movimiento puritano» surge del estudio histórico y sociológico de la Inglaterra del siglo XVII y permite agrupar a las confesiones cristianas no católicas de la época –más allá de las diferencias y conflictos entre ellas– por compartir un mismo fundamento teológico de raíz calvinista o reformada: la soberanía absoluta de Dios, la total corrupción de la humanidad por el pecado original y una ética cristiana activa en el mundo.

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