Imperios liberales. Estados Unidos y Francia

46 Presentación clasistas, racistas y religiosos de la época. En tal sentido, el auto- gobierno se entendió como una política de y para los varones pro- pietarios blancos (los elegidos del dios puritano); y la libertad y la protección de la esfera individual se asumió en términos limitados al ligarse a la raza , al estatus socioeconómico y al género masculi- no. Por su parte, el proceso revolucionario francés y la consecuente Primera República puede homologarse en gran medida –en cuanto a clasismo, racismo y perspectiva patriarcal–, a esa experiencia an- glosajona en América del Norte. Asimismo, las acciones y políticas hacia el exterior de ambas repúblicas liberales siguieron un derrotero similar. En términos generales, y en tanto un filósofo arquetípica- mente liberal, como se verá más adelante, John Locke no tendría mayores reparos con las experiencias revolucionarias y republicanas racistas y clasistas de Estados Unidos y Francia. Ni menos con el fundamental componente religioso del proceso norteamericano 14 . Debe quedar en claro que, en sentido estricto, el primer libe- ralismo del siglo XVIII fue liberador tan solo para ese pequeño grupo de varones blancos propietarios que conformaban la burguesía y la aristocracia progresista (léase anti feudal o anti Antiguo Régimen). La lenta ampliación de los principios liberales en la práctica socio- política no debe ocultar tres cuestiones: la renuencia de esas élites a dichas concesiones, las cruentas luchas emprendidas por sectores subalternos para que ello sucediera y todos los grupos que iban que- dando por fuera de ese ámbito liberal republicano ampliado lenta- mente. En tal sentido, el clasismo y el racismo fueron una fuerza poderosa y todavía lo son tanto en la Unión norteamericana como en Francia. En este punto es atingente volver a citar la Contrahistoria del liberalismo de Domenico Losurdo cuando expone acerca de los mercados libres capitalistas. Estos no han sido otra cosa que una 14 Si el cristianismo sigue presente de forma implícita en los sistemas de la Modernidad, lo que incluye a Francia, en Estados Unidos es un factor explícito y de primer orden en su cultura y política (Monares, 2012).

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