Imperios liberales. Estados Unidos y Francia

30 Prólogo reacción militar a cualquier país que intentara ‘controlar el Golfo Pérsico’, pues ello ‘será percibido como un ataque a Estados Unidos’. Tampoco debe olvidarse que, con votos de- mócratas, se emprendieron y financiaron las guerras legales e ilegales de Bush padre y las de su hijo (p. 145 -146). Estas aseveraciones son coherentes con los propósitos decla- rados en el texto de exponer las líneas de continuidad de ambos ca- sos; por lo tanto, nos ofrece lo que nos prometió. En mi caso, como americanista –y latinoamericanista, más específicamente– las con- tinuidades me interesan tanto como las discontinuidades y las rup- turas. Traigo a colación, por ello, un hecho: fue un presidente de- mócrata, Franklin Delano Roosevelt –impulsor del New Deal – quien implementó la «Política del buen vecino», la que significó acordar con el México de Lázaro Cárdenas la estatalización de los pozos pe- trolíferos mexicanos sin trauma. También hay que tener presente que el mismo presidente que ejecutó la presencia masiva de tropas de Estados Unidos en Vietnam, Lyndon Johnson, fue quien firmó el Acta de Derechos Civiles que terminó con la discriminación legal de la población afroamericana, y, por último, fue Jimmy Carter –otro de- mócrata– quien enarboló el lema de los derechos humanos en política exterior, lo que le llevó a enfriar relaciones con varias dictaduras del Cono Sur, incluyendo la de Pinochet. No quiero con estos ejemplos señalar que el Partido Demócrata tiene una mayor propensión al bien que el Republicano, sino que en su seno coexisten distintas corrientes y se expresan tensiones en distintos sentidos. Incluso, desde la his- toria contrafáctica se apuesta que, de no haber sido Richard Nixon el titular del Salón Oval en los tiempos de la Unidad Popular, la categó- rica decisión de desestabilizar al gobierno de Allende desde el primer minuto habría sido algo distinta. Se podría alegar que es un simple ejercicio de reconstrucción ucrónica, sin embargo, las posiciones des- de 1974 del senador Ted Kennedy en la rama legislativa del gobierno (en la tradición anglosajona) expresaron una clara confrontación con la dictadura militar chilena, sin olvidar que, con la forzada sucesión de Nixon, del también republicano Gerald Ford, la política de Estados Unidos hacia Chile tuvo, sin duda, variaciones.

RkJQdWJsaXNoZXIy Mzc3MTg=