Imperios liberales. Estados Unidos y Francia
29 Imperios Liberales. Estados Unidos y Francia que Monares termina resolviendo con las contradicciones que acom- pañan a la sociedad estadounidense desde sus orígenes al concluir: «En otras palabras, en tanto el triunfo de los derechos individuales de cada miembro de la sociedad. Lo que en parte era verdad y, al mismo tiempo, una falacia» (p. 56). Una discusión interesante que Monares abre es la que se refiere al tema de las discontinuidades observables entre una ad- ministración y otra. Es evidente que las diferentes premisas éticas o las estrategias de política exterior hacen poca diferencia para sus receptores, como sostiene Monares, quien a continuación asesta una provocadora invectiva «Podría señalarse que los republicanos han venido siendo más directos y sinceros, mientras que los demócra- tas han mostrado más contradicciones o tensiones al asumir moti- vos humanitarios y en pro de los derechos humanos» (p. 101). Esta sentencia es refrendada más tarde cuando el autor reitera que «Se trata de suponer una diferencia o contraposición maniquea entre la bondad de los demócratas y la maldad de los republicanos» (p. 143). Dicho aspecto es matizado a continuación al aseverar que: desde los sesenta del siglo pasado, surgió en Estados Unidos un clima de opinión diferente y que ello ha implicado, so- bre todo entre los demócratas, un afán por justificar su po- lítica exterior en términos humanitarios o altruistas. Sin embargo, y pese a estas justificaciones, no se deben perder de vista las continuidades imperialistas de Washington, por mucho que se puedan reconocer en algunas administracio- nes iniciativas progresistas o democráticas sinceras y hasta positivas (p. 143). Monares no se detiene ahí y nos ofrece evidencias casuísticas: A comienzos de los sesenta fue el presidente demócrata John Kennedy quien intervino y envió tropas a Vietnam; como antes lo había hecho en Laos. (…) El también manda- tario demócrata Lyndon Johnson, incrementó la interven- ción de Kennedy en Vietnam hasta llegar a un abierto estado de guerra. (…) en los ochenta del siglo pasado, Jimmy Car- ter, a quien se le recuerda como pacifista, amenazaba con una
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