Imperios liberales. Estados Unidos y Francia
27 Imperios Liberales. Estados Unidos y Francia Turquía, Pakistán y Rusia, entre otros países– es indicativo de que su clase política es consciente de que uno de los suyos podría ser juzgado por crimen en las salas de un tribunal internacional. Sin embargo, otra cuestión es el consentimiento social a dichos actos en una parte de una población que no advierte la presencia de crímenes, sino que asume estos actos como respuesta a agresiones externas o a amenazas inminentes a la seguridad nacional, y que, como el mis- mo Monares precisa, son entendidos como corolario de una política exterior propensa al bien. Esta perspectiva no es nada inofensiva si, en cambio, coloca- mos el foco en la clase política, especialmente, si regresamos al ar- tículo The Jacksonian tradition , dado que, aunque Woodrow Wilson y Richard Cheney, por ejemplo, enarbolan distintos estilos de polí- tica exterior, el primero el idealismo y el segundo más hamiltonia- no (con un toque particular que le hizo parte de los halcones de la administración Bush), ambos están irrigados por el excepcionalismo estadounidense. Incluso podría extenderse esta perspectiva al expre- sidente Trump, un jacksoniano casi en estado puro, dispuesto (no sobre interesado) a intervenir más allá de sus fronteras, a menos que los intereses de Estados Unidos fueran amenazados en el exterior. Otra arista, que proporciona una relevante dosis de polémi- ca, es la referida al liberalismo, en cuanto vástago de la modernidad. Monares afirma: «Como aquí se expondrá, los sistemas ilustrados y modernos se originaron como propuestas exclusivas y excluyentes apoyadas de manera explícita en el clasismo, el racismo y hasta en el cristianismo. Ni en su letra ni en su espíritu fueron proyectos universales. Ya en su origen se negó de plano esa posibilidad o solo se permitió cierta inclusión y, además, de forma limitada.» (p. 44). Hago notar que Monares utiliza el plural, aunque se centra bási- camente en el liberalismo, y también en tradiciones anteriores al iluminismo que hacen parte de la modernidad, como el puritanis- mo –en mi perspectiva, no hay que olvidar que, en otras tradiciones modernas, como las colectivistas, a menudo se implementaron, por medio de las vanguardias, como propulsoras del cambio, dinámica también cargada de elitismo–. Continúa Monares:
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