Imperios liberales. Estados Unidos y Francia
249 Imperios Liberales. Estados Unidos y Francia el «animismo» y lo «indio»; y, al mismo tiempo, esa intelectualidad también estudie sin conciencia histórico-cultural y se adhiera con entusiasmo a la espiritualidad y a lo ajeno de la Ilustración y la Modernidad: el cristianismo reformado y la tradición occidental moderna, respectivamente. En segundo lugar, es tal la fuerza de esa postura modernizada que sus representantes son doblemente severos con quienes investigan y escriben desde una mirada intercultural crítica o políticamente contextualizada 103 . A estos se les exige una especie de declaración jurada solemne y pública de que están lejos de alguna pretensión o espíritu esencialista, indigenista, etnocentrista o racista al revés , exclusivista cultural o de algún tipo de romanticismo pseudoacadémico. Deben hacer ingentes esfuerzos para convencer de la seriedad, rigurosidad, objetividad y neutralidad de sus estudios a la academia blanqueada de Latinoamérica y a la derechamente occidental moderna. Mientras, en la vereda del frente los «intelectuales colonizados», inconscientes o satisfechos de la «colonialidad del saber» y de su dependencia ideológica euronorteamericana, se esfuerzan por demostrar que son fieles repetidores del saber del hombre blanco . Como decía Jean-Paul Sartre, al haber sido «falsificados» por la metrópoli, sus «grandes palabras pastosas» son simples repeticiones, ecos del saber civilizado o blanco (Lander, 2005; Fanon, 2009) 104 . Se espera que haya quedado en el pasado el tiempo en que los cuerpos de ideas e instituciones socioculturales debían 103 La interculturalidad crítica, al contrario de la interculturalidad a secas o «funcional» que des- contextualiza y despolitiza las relaciones entre culturas, entiende las relaciones interculturales inexorablemente enmarcadas en las relaciones de poder de cada contexto; con mayor razón en el caso de pueblos indígenas en escenarios coloniales o neocoloniales (Zuchel y Henríquez, 2020). 104 Esos «intelectuales colonizados» son quienes evitan escribir meras obras etnológicas con pre- tensiones filosóficas, como le enrostrara un «filósofo africano ‘europeizado’» al misionero belga Placide Tempels por su libro La filosofía bantú (Estermann, 2006). Es posible preguntarse por el grado de blanqueamiento del crítico cuando se sabe que el sacerdote se refería a los pueblos del Congo como «razas primitivas» y apoyaba la presencia colonial belga que, además, significó un genocidio (Aimé, 2006).
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