Imperios liberales. Estados Unidos y Francia

246 Libertad-Igualdad-Fraternidad seas flojo, no seas mentiroso ni seas ladrón), suma qamaña (vivir bien), ñandereko (vida armoniosa), teko kavi (vida buena), ivi maraei (tierra sin mal) y qhapaj ñan (camino o vida noble) (Artículo 8 de la Constitución del Estado Plurinacional de Bolivia, 2009). Sin embargo, no debe haber confusiones, ese cauce constitucional del buen vivir solo ha venido a oficializar siglos de tradición en un formato occidental: en los códigos de la ley positiva. Una cosa son los procesos políticos en Ecuador y Bolivia, y otra el buen vivir andino en sí, como fenómeno cultural cotidiano del mundo indígena. Este no ha sido un mero ideal, una utopía o proyecto. Ese buen vivir se ha plasmado en diversos rasgos e instituciones socioculturales que, efectivamente, por milenios, han sido usadas para guiar la coexistencia colectiva. No una cualquiera, sino una forma de vivir bien . Como expone Terence D’Altroy (2003), ese «ideal de vida mutua y de equilibrio permeaba la vida social» andina y, es posible decir sin temor a exagerar, que todavía permea la vida de millones de personas en dicha área. Las «continuidades» socioculturales llegan al nivel que, tal como en su momento lo indicara John Murra (1989), para estudiar en la actualidad el pasado inca –una de las tantas expresiones de la cultura andina–, sigue siendo «indispensable» el estudio de las poblaciones actuales 101 . Lo que en el Occidente moderno podría llamarse de manera general «virtud», o más específicamente «fraternidad», es entendido por los pueblos andinos cual una manera obvia de coexistir. En otras palabras, como un fundamento y un criterio de juicio de la vida en común. Este modo de concebir la existencia colectiva en un sentido explícitamente comunitario, de carácter solidario, implica, al mismo tiempo, la voluntad de alcanzar el máximo grado de armonía social o, en realidad, socioambiental (al concebir lo humano dentro de un 101 Las culturas no son estáticas, sino dinámicas. Pese a ello, en la práctica, ideológicamente el cambio cultural se fundamenta en o es mediado por una estructura común de ideas, valores y patrones e instituciones. En esa dinámica se dan muchas posibilidades para nada rígidas, en dife- rentes grados o que afectan o son llevadas adelante por diferentes grupos: la ortodoxia, heterodoxia y hasta las traiciones a la tradición se pueden dar juntas o por separado (Monares, 2020).

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