Imperios liberales. Estados Unidos y Francia

230 Libertad-Igualdad-Fraternidad cumplimiento de su «misión» civilizadora: los de piel oscura habían aceptado sus ideales al punto de que «nos acusaban [a los europeos occidentales] de no serles fieles» (Fanon, 2009). Pero, en segundo lugar, continúa Sartre, está la perspectiva de los pueblos del Tercer Mundo, los que sufrieron el singular «hu- manismo» europeo. Los millones que les reprochan precisamente su «inhumanidad», esa falacia que «pretende que somos universales», mientras «sus prácticas racistas [los] particularizan». Ese «humanis- mo racista», en su incómoda desnudez evidencia que era «una ideo- logía mentirosa», una «exquisita justificación del pillaje»: «Nuestros caros valores pierden sus alas; si los contemplamos de cerca, no encontramos uno solo que no esté manchado de sangre». Acertaba Frantz Fanon (2009), filósofo y escritor caribeño-francés, cuando afirmó que el «bienestar y progreso de Europa han sido construidos con el sudor y los cadáveres de los negros, los árabes, los indios y los amarillos». Esto que, en general, vale para las potencias coloniales de Europa Occidental, sin ninguna duda vale también para el específico caso del Imperio francés 77 . Esa posible herencia práctica para los pueblos de piel oscura víctimas del colonialismo europeo, puede ser bastante más evidente cuando no se pierde el verdadero centro del asunto; en otras palabras, cuando se recuerda el expolio territorial, el desvío o drenaje de dinero (de miles de millones de francos, libras esterlinas, dólares, etc.), la degradación, las torturas, los asesinatos sumarios, los encarcelamientos, la pérdida de la soberanía, las deportaciones, los traumas, los secuestros (que el colonizador llama «detenciones»), las violaciones de mujeres, las múltiples humillaciones e indignidades, la negación de las culturas y los idiomas nativos, la quema de aldeas, el reclutamiento y el trabajo forzado, etc. No parece necesario 77 Fanon expone cómo en pleno siglo XX, la «ciencia» seguía siendo una «exquisita justificación del pillaje» colonial galo. Por ejemplo, la escuela de psiquiatría de la Facultad de Argel enseñaba que «el argelino no tiene corteza cerebral o, para ser más precisos, en él predomina, como en los vertebrados inferiores [¡ sic !], el diencéfalo». En concordancia a ello, un médico francés «experto de la Organización Mundial de la Salud», concluía que «el africano utiliza muy poco sus lóbulos frontales», siendo, según él, ¡notable la similitud entre un africano normal y un europeo loboto- mizado! Esta «ciencia» poco tiene que envidiar a la frenología, al Ensayo sobre la desigualdad de las razas humanas (1854) de Gobineau o a las investigaciones raciales de los nazis (Koehl, 2009).

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