Imperios liberales. Estados Unidos y Francia

23 Imperios Liberales. Estados Unidos y Francia Central de Inteligencia (CIA), consta como la primera vez que se usó esta estrategia –copiada más tarde para el Irán de Mosadeq– y que se intentó esgrimir fallidamente en Bahía Cochinos en 1961; y para justificar el apoyo a los Contras en Nicaragua entre 1982 y 1990. Antes, Washington había comenzado programas de asistencia militar para incidir sobre la trayectoria uniformada en América del Sur bajo el signo de la Escuela de las Américas, en Panamá. La con- cientización vino de la mano de la doctrina de Seguridad Nacional, que pretendía vincular desarrollo económico y guerra interna, crean- do para ello un enemigo interno. Esta modalidad de incidencia tuvo particular alcance en Brasil y el Cono Sur y constituyó parte del acer- vo ideológico de los golpes del Estados de Brasil (1964), Argentina (1966 y 1976), Uruguay (1973) y Chile (1973). Francia tiene más de un mito de construcción nacional des- de la tradición merovingia que señaló a Clovis como el elegido por Dios, para consagrarlo al frente de sus guerreros francos y consti- tuirlo en el brazo armado de la Iglesia –posteriormente, denominada por la Francia del Antiguo Régimen «la hija mayor de la Iglesia»–. Más tarde se sumará el mito de unidad nacional frente a un invasor externo, mito representado por una mujer, Juana de Arco, también determinada a viabilizar la consagración al delfín francés en la sede episcopal donde se coronó Clodoveo. Finalmente, hay que considerar el hecho –mitificado, desde luego– de una República preñada por una revolución, que aun cuando es laica, procede a reemplazar la trinidad cristiana por un lema trilógico: «igualdad, libertad y fraternidad». Los intelectuales franceses, armados con esta herencia nacional, son a menudo, críticos de la impronta estadounidense sobre el mundo y América Latina, y en no pocas ocasiones han manifestado un cierto prejuicio antiamericano que Revel tacha de obsesión (Revel, 2002). Sin duda dicha crítica soslaya que, aunque Francia ocupó un terri- torio no extenso de América Latina –si se le compara con España, Portugal o Inglaterra– y que la hegemonía actual corresponde a la potencia del norte en disputa con otro poder oriental, sí logró insta- lar el nominativo de la macro región de México al Sur –sin incluir al Caribe desde el Caribe–, en adelante, «latina», y así hacerse parte de la tradición colonial.

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