Imperios liberales. Estados Unidos y Francia

220 Libertad-Igualdad-Fraternidad realidad o alcance de dicho internacionalismo en el caso de grupos y culturas diferentes de la occidental moderna 67 . Es un hecho que las élites de la Francia del siglo XIX no tuvieron un buen concepto de los necesitados y trabajadores, lo cual no es ninguna novedad, sino la continuación de una línea de pensamiento ya tradicional. Esa perspectiva se puede encontrar, por ejemplo, entrada la segunda mitad de la centuria anterior, en el ya citado Emmanuel-Joseph Sieyès. Este político y teórico constitucional francés, quien en su momento postuló la soberanía del pueblo-burguesía y «produjo la más sólida construcción jurídica que completó y consolidó el pensamiento político de sustento de la Revolución Francesa» (Blume, 2011), es muy despectivo y duro con los «desgraciados dedicados a los trabajos fatigosos, productores de los disfrutes ajenos». Y, al sopesar sus dichos, no debe olvidarse que, además, era un clérigo cristiano: …esta muchedumbre inmensa de instrumentos bípedos, sin libertad, sin moralidad, sin facultades intelectuales (…) ¿son estos los que vosotros llamáis hombres? Se les considera civilizados [ policés ], pero, ¿se ha visto siquiera a uno solo de ellos que fuera capaz de entrar en sociedad? (Siéyes citado en Losurdo, 2005: 98). Asimismo, ese tradicional desprecio elitista por la clase baja se puede encontrar en Alexis de Tocqueville, un hombre ya del siglo XIX propiamente tal, en lo temporal e ideológico. Este político liberal propone la manera de incentivar a laborar a los pobres a través de un sistema similar al modelo inglés de las casas de trabajo forzado para 67 En el caso de los «bárbaros o semibárbaros» latinoamericanos, no es un dato menor que en su primera edición, El manifiesto no se haya traducido al castellano ni al portugués. Los con- ceptos de «barbarie» y «semibarbarie» corresponden a la perspectiva que asumen Marx y Engels de Lewis Henry Morgan –antropólogo estadounidense, presbiteriano y político conservador del Partido Republicano– acerca de etapas evolutivas progresivas y universales de orden materialista o tecno-económicas (Bohannan y Glazer, 1992). Y para los euronorteamericanos del siglo XIX sus sociedades son las que se ubican en la cúspide de dicha evolución. Se olvida con facilidad que los trabajos de Marx y Engels son otra expresión ideológica del Occidente moderno que, como en los de cualquier heredero de la Ilustración, buscan y encuentran el orden natural o la legalidad social de la humanidad. Esta, ¡por una fascinante casualidad!, coincidía con la historia de Europa Occidental.

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