Imperios liberales. Estados Unidos y Francia

219 Imperios Liberales. Estados Unidos y Francia «Libertad», «Igualdad» y «Fraternidad» nunca fueron consideradas universales. Eran cuestiones exclusivas y excluyentes en términos de clase, género y raza 65 . Por otro lado, en cuanto a la real importancia de la fraternidad en la Revolución francesa, se pueden tomar en cuenta los cuestionamientos expresados por Antonio Baggio (2006). Para este autor, la tríada «Libertad-Igualdad-Fraternidad» fue originalmente solo una propuesta más entre muchas otras de dicha Revolución, y recién en 1848 se la habría tomado por el discurso/meta central del proceso desencadenado en 1789 66 , lo cual podría explicarse por el tono en verdad izquierdista de los hechos de 1848. En ese momento se asumiría la importancia de la fraternidad entre las clases «explotadas» del mundo y quedaría implícitamente declarada en la proclama de Karl Marx y Friedrich Engels en El manifiesto comunista (1848): «¡Proletarios de todos los países, uníos!». Con todo, tampoco esa fraternidad proletaria era, en estricto rigor, universal: era de «clase» y en un contexto de «lucha de clases». Asimismo, cuando en el texto, Marx y Engels denominan a los pueblos no europeos «bárbaros o semibárbaros», arrojan una sombra de duda sobre la 65 Los principios excluyentes de la Revolución francesa igualmente se dejan ver en la emancipa- ción latinoamericana del siglo XIX, supuestamente inspirada, en parte, por aquella: los «grupos criollos dominantes» replicaron su «libertad condicionada y la (des)igualdad ante la ley» (Baggio, 2006). El caso específico de Simón Bolívar presenta una doble cara en cuanto a los derechos políticos y a la esclavitud negra . Al dirigirse al Congreso de Angostura, en 1819, propone una «división de los ciudadanos en activos y pasivos» para poner «restricciones justas y prudentes en las asambleas primarias y electorales» a fin de contener «la licencia popular, evitando la concu- rrencia tumultuaria y ciega». En cuanto a la esclavitud negra , en un discurso ante el Congreso Constituyente de Bolivia, en 1826, se refiere a ella como «la más insigne violación de la dignidad humana. ¡Un hombre poseído por otro! ¡Un hombre propiedad! ¡Una imagen de Dios puesta al yugo como un bruto!» (Blanco-Fombona, 1944). En este segundo caso, la visión de El Libertador no se traspasó a todas las nuevas repúblicas del Cono Sur: Perú, independiente desde 1821, deroga la esclavitud en 1854; Ecuador, independiente desde 1822, la deroga en 1851; y, Colombia, inde- pendiente desde 1830, la deroga en 1851 (N’Gom, 2010). Del mismo modo, en el específico caso de la emancipación haitiana, como señala el historiador de dicha nación Michel-Rolph Trouillot, el racismo de los «blancos» europeos y suramericanos hacía de aquella un hecho «inconcebible aún mientras ocurría» (Lander, 2005), por lo cual Trouillot la llama una «revolución impensada» (Aguirre, 2010). 66 Por ejemplo, Victor Hugo (2006), acérrimo admirador de la Revolución a la cual considera «un gesto de Dios», asumió la tríada como los valores originales de aquella.

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