Imperios liberales. Estados Unidos y Francia

218 Libertad-Igualdad-Fraternidad V. La fraternidad en la Francia colonialista y neocolonialista En la Europa Occidental de los siglos XVIII y XIX, para un número importante de quienes se reconocían influenciados por el Iluminismo –fueran de «derecha» o «izquierda» y salvo excepciones consideradas extremistas –, la ciudadanía activa estaba determinada por la propiedad y la consecuente posición socioeconómica. Debiendo agregarse la cuestión del género, omnipresente, aunque invisibilizada, dado que también era, obviamente, un asunto exclusivo de varones. En el contexto es evidente que el patrimonio implicaba el interés en los asuntos del Estado y hasta una calidad moral e intelectual superior. En consecuencia, el derecho a votar y ser votado, lo cual, como se ha señalado majaderamente, era diferente de la mera ciudadanía o de la ciudadanía pasiva. No hay duda de que la Revolución francesa impuso la «Libertad» al darle fin a la servidumbre, al sistema feudal y a las arbitrariedades monárquicas; e impuso la «Igualdad» al generalizarse la ciudadanía en términos de derechos civiles. Sin embargo, no se llegó tan lejos como para universalizar los derechos políticos: se trataba solo de igualdad civil, nunca política. Bajo tales supuestos se puede esperar, también en términos hipotéticos, que en su momento se asumiera la «Fraternidad» como una relación lógica entre esa élite de ciudadanos activos iguales y libres dada su condición similar y, por tanto, sus intereses similares. La «Libertad» y la «Igualdad» se institucionalizaron a través del marco jurídico. Por su parte, respecto de la «Fraternidad» se puede especular que, si no fue solo parte de la propaganda que dio sustento y mística al proceso, se estimó una lógica consecuencia de la Revolución que se expresaría en la cotidianidad. Sin embargo, fue y es una cuestión que difícilmente se puede normar a través del derecho positivo. En cualquier caso, como se ha expuesto aquí,

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