Imperios liberales. Estados Unidos y Francia
215 Imperios Liberales. Estados Unidos y Francia varones tuvieran derecho a voto en la Constitución de 1795 (Soboul, 2003; Munck, 2001) 59 . En este republicanismo clasista o patrimonial, la posibilidad de que las clases bajas accedieran a derechos políticos plenos era difícil. Estaban cautivos de un círculo vicioso, por así decirlo, que partía de la base de que los trabajadores debían recibir un salario lo más bajo posible, lo cual dificultaba al máximo o derechamente impedía que lograran reunir un patrimonio tal que les permitiera votar y ser votados. El propio Condorcet (1990), que, como ya se expuso, fue elegido para la Asamblea y luego para la Convención, concebía el republicanismo como un pacto exclusivo y excluyente entre los dueños de un patrimonio 60 . Por tanto, asumiendo un típico supuesto euronorteamericano del siglo XVII al XIX, limitaba el voto a aquellos porque tendrían un real interés en los asuntos del Estado. Cuando el autor afirma que en Francia «se ha tenido, por primera vez, la audacia de preservar para el pueblo su derecho de soberanía», una vez más se debe entender la específica acepción que tiene en la época la palabra «pueblo» (Condorcet, 1980). Dicho concepto, o el de «soberano», se refiere solo a los ciudadanos activos o a los varones blancos dueños de un patrimonio. Contemporáneo al autor, el fisiócrata Quesnay también estimaba que la ciudadanía, o ser miembro de la sociedad civil, correspondía en exclusiva a los propietarios y a quienes mediante su trabajo habían acumulado riqueza (Álvarez, 1995) 61 . En todas estas discusiones, está casi de más aclararlo, no se consideró a las mujeres. La Revolución que fue testigo de una gran actividad política femenina, prontamente mostró su cara exclusiva y 59 Acerca de la reinstauración de las condiciones patrimoniales en la Constitución de 1795, ver Título IV, Artículo 35. 60 El progresismo del autor no le alcanza para escapar a los cánones clasistas de su época: partida- rio ya en 1787 de la elección de mujeres para algunos cargos públicos, entre las condiciones que establecía estaba la propiedad (Munck, 2001). 61 El consenso europeo de la época ante tal asunto se puede ejemplificar con el político británi- co Edmund Burke, declarado enemigo de la Revolución francesa, quien también identificaba al «pueblo» con los propietarios, si bien, como buen representante del tradicional clasismo extremo británico, identificó el escalón más bajo del «pueblo» con «los pequeños terratenientes acaudala- dos» (Macpherson, 1984).
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