Imperios liberales. Estados Unidos y Francia

213 Imperios Liberales. Estados Unidos y Francia sociedad se forma. Mejor será, para dar mayor claridad al lenguaje, llamar a los primeros derechos pasivos, y a los segundos, derechos activos (Sieyès citado en Blume, 2011: 246-247. Cursivas del original) 55 . Las nombradas disposiciones que establecen una diferencia o desconexión entre los derechos civiles y políticos, a todas luces contradicen la igualdad en general y la igualdad política en particular. No obstante, de lo aquí expuesto, es evidente que en la época tal igualdad estaba lejos de ser reconocida como un valor universal y solo era razonable aplicarla a los varones de la élite propietaria. De tal manera, se dejará establecido que los derechos políticos quedaban reservados a una minoría de hombres pudientes. En otras palabras, como afirma Soboul (2003), la Revolución y la República reemplazó «una aristocracia de sangre (…) por la aristocracia del dinero». Ante las vanas quejas de la «oposición democrática de la Asamblea» y de los «periódicos democráticos», en este nuevo «sistema electoral censatario» de índole liberal-burgués, concluye el historiador galo, el bajo «pueblo quedaba eliminado de la vida política». Lo que asimismo constata Thomas Munck: La Revolución tendió a recortar la participación popular de los sans-culotte [las clases bajas], tanto si se trataba de agrupaciones de hombres como de mujeres. Así, las esperanzas y las aspiraciones de principios de la década de 1790, que debían avanzar en los derechos civiles de la mujer y en una reforma general más democrática, se hundieron al poco tiempo, en 1793 y 1794… (Munck, 2001: 300-301). La ciudadanía quedó así limitada a tres categorías jerarquizadas en función del patrimonio declarado en el censo. Sobre esa base económica se tiene que los « ciudadanos pasivos (…) estaban excluidos del derecho electoral, pero no del derecho de propiedad». Los « ciudadanos activos » se reunían «en asambleas primarias para designar las municipalidades y los electores». Y, finalmente, la 55 Sieyès fue un diligente participante del proceso constituyente y siguió jugando un rol político en el nuevo contexto republicano, pero terminó apoyando «de manera activa a Napoleón Bonaparte, llegando a ser uno de sus tres cónsules provisionales y, luego, senador» (Blume, 2011).

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