Imperios liberales. Estados Unidos y Francia

209 Imperios Liberales. Estados Unidos y Francia y validado en la ciencia de ese momento, compartido en el ambiente erudito: El europeo, llamado por su alto destino a dominar el mundo, que sabe cómo iluminar con su inteligencia y someter con su valor, es la expresión suprema del hombre y se encuentra a la cabeza de la especie humana. Los demás, mísera horda de bárbaros, no son, por decirlo así, más que un embrión (Virey citado en Horsman, 1985: 76) 53 . Finalmente, en el ámbito político, el muy liberal y republicano, Alexis de Tocqueville está plenamente seguro de la evidente y merecida supremacía de la blanca «raza europea» en lo político y, consecuentemente, en lo socioeconómico: La raza europea ha recibido del cielo [¡ sic !] o ha adquirido con su esfuerzo una superioridad tan indiscutible sobre todas las demás razas que componen la gran familia humana, que el hombre situado por nosotros –a causa de sus vicios y de su ignorancia– en el último peldaño de la escala social, es aún primero entre los salvajes (Toqueville citado en Losurdo, 2005: 229). d. ¿Y la fraternidad? Ya se ha despejado la cuestión racial referida a que escla- vos africanos y negros, en general no se consideraron a la par de la burguesía liberal blanca en cuanto a la Libertad, la Igualdad y la Fraternidad. Por ello, se revisará ahora el caso de las clases bajas blancas de la propia Francia. 53 La «ciencia» europea, parte de la tradición racista europea, apoyó los pre-juicios raciales y, en tal sentido, esa ideología cruza las épocas como se puede ver en Carolus Linneo, piadoso naturalista sueco del siglo XVIII, quien otorga a las diferentes variedades humanas características físicas, psi- cológicas y culturales: el «blanco» europeo es «gentil, agudo, inventivo» y se gobierna por «leyes»; el «negro» africano es «astuto, indolente, negligente» y se gobierna por el «capricho»; el «oscuro» asiático es «severo, altivo, ambicioso» y se gobierna por «opiniones»; el «cobrizo» americano es «obstinado, satisfecho en libertad» y se rige por la «costumbre» (Boorstin, 1989: 448). Mary Pratt (2011) expone también la singular clasificación de Linneo, pero además la contextualiza en la visión imperialista europea que pretende situar a la «historia natural» como un conocimiento puro, valioso en sí mismo y sin relación alguna a la expansión y dominación política y económica.

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