Imperios liberales. Estados Unidos y Francia

202 Libertad-Igualdad-Fraternidad El trasfondo religioso, socioeconómico y racial de la negación/ limitación/relativización de la fraternidad por el iluminismo francés, queda muy bien graficada en los dichos de Montesquieu acerca de la esclavitud. En El espíritu de las leyes (1748) la rechazó para Europa, pues es «tan opuesta al derecho civil como al derecho natural», al tiempo que la justificó en África y el Caribe. Esto último se explica a raíz del clima caluroso, ya que en tales lugares «solo el temor al castigo puede impeler a los hombres a realizar un deber penoso». Cuando el jurista se refiere a la «esclavitud de los negros», hace además alusión a su conveniencia económica: «el azúcar sería demasiado caro si no se hiciese trabajar la planta por esclavos», desaconsejando, incluso, una abolición rápida. De tal manera, cuando señala que si tuviera que defender «el derecho que hemos tenido [los europeos blancos ] para hacer a los negros esclavos», entre otros puntos, señala: No puede cabernos en la cabeza que siendo Dios un ser in- finitamente sabio, haya dado un alma, y sobre todo un alma buena, a un cuerpo totalmente negro (…) Es imposible su- poner que esas gentes [«negros» y sin «sentido común»] sean hombres, porque si los creyéramos hombres se em- pezaría a creer que nosotros no somos cristianos. Espíritus pequeños han exagerado la injusticia que se comete con los africanos… (Montesquieu, 1984: 249 y 250) 46 . En cuanto a Jean-Jacques Rousseau, el ilustrado que más habría influido en la Revolución francesa y en las ideas progresistas de la época en Europa Occidental, de aceptarse su paternidad ideológica 46 Clara Álvarez (1995) dedica la nota 19 de su texto a contradecir la opinión de autores que alegan ironía en la cita de Montesquieu. A propósito del cristianismo y la fundamentación del racismo contra los negros y la esclavitud, James Garrett (1996: 439-441) detalla seis argumentos bíblicos: «Los negros no tienen almas humanas»; «constituyen ‘otra especie humana’»; «se consideran ‘bes- tias bípedas’ que entraron al Arca de Noé como animales, no como seres humanos»; «están bajo la maldición de Caín»; «están bajo la maldición de Cam»; y, «deben ser segregados porque la con- fusión de las lenguas ( Génesis 11:1-9) fue un acto de la divina providencia». A pesar de que esos motivos parezcan dignos de un pasado oscurantista, Garrett recuerda el apoyo religioso al racismo en el Estados Unidos contemporáneo o que, en Sudáfrica, las iglesias holandesas reformadas re- cién en la década de los ochenta del siglo pasado declararon que el apartheid era «moralmente in- correcto y bíblicamente indefendible». Sobre una visión crítica del apoyo al colonialismo con base en la Biblia , se lee con provecho el texto de Michael Prior (2005), él mismo un sacerdote católico.

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