Imperios liberales. Estados Unidos y Francia

200 Libertad-Igualdad-Fraternidad esas doctrinas siempre se pensaron únicamente respecto a la Europa blanca . Y se podría agregar, sin temor a equivocarse, Occidental. Para el resto del mundo, y en especial respecto a los negros , se apoya sin tapujos la ignominiosa institución de la esclavitud 44 . En tal sentido, respecto a ese «primer liberalismo» recuérdese a su «padre», John Locke (1997). En su Primer ensayo sobre el gobierno civil critica la esclavitud por ser un «estado del hombre tan vil y miserable», por lo cual le resulta inimaginable que un «inglés y, sobre todo, un caballero, se atreva a defenderla». Empero, el autor tenía intereses en el lucrativo negocio de la trata como accionista de la Royal African Company. Por otro lado, su postura queda aún más expuesta cuando se toma en cuenta la normativa que propuso sobre la esclavitud en Carolina del Norte: ...todo hombre libre [obviamente blanco ] de Carolina debe tener absoluto poder y autoridad sobre sus esclavos negros, cualquiera sea la opinión y religión de estos (Locke citado en Losurdo, 2005: 13. Cursivas del original). Se entiende entonces que el filósofo inglés, y con él toda la élite liberal burguesa de la época, rechace la esclavitud en el específico caso de los europeos, por defecto blancos . En cambio, los negros pue- den ser esclavizados sin ningún problema filosófico, jurídico, político o moral; incluso religioso, pues son igualmente esclavizables quie- nes profesan el cristianismo. Se constata que hasta la condición de prójimos era una cuestión inaplicable en su caso: los negros no son hermanos en la fe. Por si hubiera alguna duda técnica , de igual modo se excluye por defecto a los esclavos de ser parte de la sociedad civil, conformada por varones blancos propietarios. Ya que el «fin princi- pal [de la sociedad civil] es la conservación de la propiedad» (Locke, 1997). Y se sabe que los esclavos no tienen patrimonio alguno. 44 Tómese en cuenta el caso de los Estados sureños de los piadosos Estados Unidos, en donde a mediados del siglo XIX se justificó la esclavitud, apelando a la herencia de la Ilustración y a la lucha por la libertad... ¡de tener esclavos! (Bosch, 2005). La Unión norteamericana grafica el carácter de las revoluciones liberales burguesas-reformadas: unos latifundistas racistas-esclavistas firmaron la Declaración de Independencia (1776), la cual rezaba que «todos los hombres son crea- dos iguales» y fueron «dotados por su Creador» de esos «derechos inalienables» que son la «Vida, la Libertad y la búsqueda de la Felicidad» (Boorstin, 1997).

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