Imperios liberales. Estados Unidos y Francia

192 Libertad-Igualdad-Fraternidad Al tenor de lo expuesto con relación a los iluministas, junto con su posición e identidad socioeconómica similar, es posible esperar en los franceses y en los ingleses (y luego en los británicos), una también similar estructura religiosa e ideológica general. Por ende, igualmente, un rechazo a la fraternidad en sí o a su universalización, o, por lo menos, su relativización al atender a los principios exclusivos y excluyentes de la época; fueran de tipo teológicos, socioeconómicos o, incluso, raciales 36 . Sea como fuere, es un hecho que en Francia «la burguesía estaba muy lejos de ser democrática»; su objetivo era «conservar una jerarquía social» fundada en su «desprecio» por las «clases populares» (Soboul, 2003). Para resumir con una generalización, en este caso adecuada, «la sociedad dieciochesca [europea] estaba construida sobre los principios de una muy arraigada desigualdad» (Munck, 2001). En tal sentido, si no es posible esperar que las élites sostengan una fraternidad entre clases, menos todavía es factible encontrar en ellas la creencia en una fraternidad universal. A pesar del revuelo y hasta del temor causado por la Revolución francesa en el resto de Europa –sea por sus tintes radicales o sobre todo por la abundante sangre vertida por el Terror–, al final se impondrá la tradición clasista y racista del país. Boissy d’Anglas, diputado de la Asamblea Constituyente y de fe reformada, resume muy bien aquella cultura conservadora gala: Un país gobernado por los propietarios está dentro del orden social; aquel en el que gobiernan los no-propietarios está, por el contrario, en estado de naturaleza (d’Anglas citado en Losurdo, 2005: 252). 36 Las coincidencias entre galos y británicos pueden ser negadas al establecer relaciones ideológicas por citas o datos descontextualizados. Esta falta de rigor podría llevar, para graficarla en otro caso, a concluir que el rechazo de los revolucionarios norteamericanos del siglo XVIII a lo británico indicaría que no hay relación entre la tradición anglosajona y Estados Unidos. Es más, incluso las variaciones o contraposiciones no niegan las dependencias y similitudes ideológicas; considérese el caso del idealismo cristiano de Hegel y el materialismo ateo de Marx. Así, aun pudiendo citar algún autor que parezca contradecir la existencia de un sistema de pensamiento homogéneo entre británicos y franceses, es necesario analizar bien la postura y los referentes de ese caso antes de pretender negar la existencia de tal homogeneidad.

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