Imperios liberales: Estados Unidos y Francia

187 Imperios Liberales. Estados Unidos y Francia IV. Francia: Ilustración, Revolución y República a. La herencia británica y el caso francés Una vez expuesto el rol primordial que para los ilustrados británicos tenía la naturaleza viciosa de los humanos en la conformación y mantención de la sociedad, o su fe en que la armonía mínima se resolvía por la manifestación –sin intervenciones externas o heterónomas– de la providencial autonomía o ley interior, debe hacerse una importante salvedad. En tanto teólogos empíricos , los devotos pensadores iluministas creían estar describiendo la realidad; pero, en ningún caso, trataron de ensalzar el mal. No tenían duda alguna de que vicio y virtud son, y deben ser, cuestiones diferentes. El punto es que sería imposible esperar virtud de pecadores y, por ende, era obvio que la divinidad usaba providencialmente la perversión de aquellos a fin de materializar Sus benéficos designios. En tal convencimiento descansa la inconmovible esperanza reformada. Ya Calvino había afirmado que era «un consuelo para los fieles en sus adversidades saber que nada padecen que no sea por orden y mandato de Dios, porque están bajo su mano» (Calvino, 1988: 127). Esa paradójica estructura en la cual «los vicios privados hacen la prosperidad pública», o sea, en que el mal es un medio de progreso –en diversas áreas y con diferentes formas de expresión–, no se limitó a las islas británicas 29 . Aquella paradoja, que como se revisó, deja cristalizada hasta hoy Adam Smith en la «ciencia económica» y la práctica capitalista de mercado, se puede ubicar del mismo modo en el continente; puntualmente, en Francia y entre dos reconocidos contemporáneos del moralista escocés. 29 La cita corresponde al subtítulo que es, a la vez, la moraleja de la Fábula de las abejas (1714), de Bernard Mandeville, moralista holandés avecinado en Inglaterra.

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