Imperios liberales. Estados Unidos y Francia
185 Imperios Liberales. Estados Unidos y Francia La Ilustración británica de los siglos XVII y XVIII compartía su fe en un sistema mínima y providencialmente armónico ⎯ un orden espontáneo hoy llamado autorregulado ⎯ , y en el egoísmo. Asimismo, lo anterior se complementaba con la fe en que dicho sistema sería distorsionado por actitudes como la fraternidad (y la deliberación racional, en sentido greco-medieval, en que se sostendría). La fraternidad u otras virtudes harían ineficiente el sistema y, más temprano que tarde, llevarían desorden y caos donde antes el vicio gobernado por la Providencia hacía imperar el orden y la armonía mínima. Si el egoísmo es lo que consigue la supervivencia de la especie, la fraternidad la pondría en serio riesgo... cuando no llevaría al género humano, con casi total seguridad, a su extinción. Justamente, entre fines del siglo XVIII y principios del XIX, el clérigo inglés Robert Malthus rechazará la fraternidad por traer «escasez» donde antes había «felicidad». Desde los mismos cimientos teológicos reformados ya expuestos, propondrá que la distribución debe guiarse por los precios para dejar sin opción de consumo a los pobres. De esamanera, Dios provocaría, providencial o naturalmente, lo que hoy en «ciencia económica» se llama «equilibrio», al conseguir que aquellos mueran de hambre y enfermedades. La vigencia e impacto de Malthus se constata cuando se sabe que un economista de la talla de John Maynard Keynes señala que esa exclusión por medio de los precios marca «el comienzo del pensamiento económico sistemático» (Monares, 2020) 27 . Con el pasar del tiempo y la alta importancia dada por la Modernidad a la «ciencia económica», cual teoría omnicomprensiva de todo lo humano (y entre los neoliberales, hasta de lo animal no humano), el egoísmo será situado en un lugar de privilegio. Ahora bajo las etiquetas técnicas de «maximización» o «racionalidad económica», que lo separande la teología y la filosofía, se lo transformó 27 Antes, Smith (2000) también había expuesto esa cruda interpretación del cristianismo cuando en La riqueza de las naciones afirmó que el mercado, «al igual que ocurre con las demás mercan- cías [¡ sic !], regula de una manera necesaria la producción de la especie» a través de la variación de la demanda de mano de obra y del consiguiente nivel de los salarios que determina las condiciones de vida de las familias de los trabajadores. Cabe destacar que la Providencia se preocupa de contro- lar, mediante la muerte, solo a las clases bajas (Monares, 2020).
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