Imperios liberales. Estados Unidos y Francia

184 Libertad-Igualdad-Fraternidad para asegurar la existencia mínimamente armónica de la sociedad. A través de dicho vicio, expone Smith, la cooperación requerida en la vida colectiva se realiza de modo automático e inconsciente y es fructífera «entre los diferentes rangos y condiciones del hombre en la sociedad»: los pobres sobreviven y los ricos viven con comodidades. El nexo social y el medio para alcanzar la supervivencia será la competencia egoísta e individualista por lo material. La fraternidad y las virtudes no jugarían rol alguno en los grupos humanos; se sabe que no podrán hacerlo por la inexorable naturaleza depravada de sus miembros 26 . De ahora en más, el «egoísmo» ya no será una de las tantas opciones posibles de los humanos para conducirse (despojados, luego de la «caída», del libre albedrío). Para Smith es el sentimiento en el cual se fundamenta no solo la organización económica, sino también, la social y política. A pesar de las aparentemente desordenadas pasiones humanas, el vicio conseguirá la cooperación –no querida y descoordinada–, haciendo posible la sociedad y, finalmente, la supervivencia de la especie. Perspectiva que expone el autor en La teoría de los sentimientos morales y en La riqueza de las naciones respectivamente: La sociedad de personas distintas puede subsistir, como la de comerciantes distintos, en razón de su utilidad, sin ningún amor o afecto mutuo (Smith, 1997: 185-186). No es la benevolencia del carnicero, del cervecero o del panadero la que nos procura el alimento, sino la consideración de su propio interés. No invocamos sus sentimientos humanitarios sino su egoísmo; ni les hablamos de nuestras necesidades, sino de sus ventajas (Smith, 2000: 17). 26 El economista liberal francés Fréderic Bastiat muestra en el siglo XIX la vigencia de las ideas religiosas de Smith en su expresión original y su compatibilidad con visiones «científicas»: «La competencia es la más progresiva, la más igualitaria, la más comunitaria de todas las leyes a las cuales la Providencia ha confiado el progreso de los destinos humanos» (Bastiat citado en Schnerb, 1982: 243).

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