Imperios liberales. Estados Unidos y Francia
179 Imperios Liberales. Estados Unidos y Francia designios. Consecuentemente, en el primero de sus Dos ensayos sobre el gobierno civil (1690) sostendrá que, en los individuos, la razón era «la voz de Dios en su interior». La Providencia, junto con guiarlos al superior Estado civil o político, se los imponía racionalmente a fin de controlar su maldad y asegurar la supervivencia de la humanidad: «Dios nos ha asignado un gobierno [civil] para que sirva de freno a la parcialidad y la violencia de los hombres» (Locke, 1997). Sin ese tipo de gobierno la especie corría el peligro de vivir una continua situación de violencia, la cual podía llevarla incluso a su extinción, es decir, a poner en peligro el mandato bíblico de procrear y multiplicarse ( Génesis 1, 28). Para el filósofo inglés, era evidente que: …no existe en la práctica ningún vicio, ninguna violación de la ley natural, ninguna depravación moral, que no se muestre fácilmente a quien consulte la historia de la humanidad y observe los acontecimientos en cualquier parte del mundo (Locke, 1998: 107). He ahí el fundamento de su teoría política expuesta en el segundo de los Dos ensayos sobre el gobierno civil (1690): «por la corrupción y el vicio de los hombres degenerados» se hace necesaria la existencia del Estado civil. Este tendrá las normativas, la legitimidad y el poder para obligar a obedecer la «ley natural» ⎯ la voluntad de Dios expresada en la razón ⎯ y así facilitar la supervivencia de la especie al resguardar la vida, la libertad, y, sobre todo, la hacienda o la propiedad… de los gentlemen , claro está: los varones blancos propietarios. Si bien, la teoría política de Locke apela a la razón –es, efectivamente, racionalista –, lo hace en el sentido de que aquella es un medio providencial para controlar la perversidad de los individuos y dirigirlos a través de su entendimiento al cumplimiento del plan divino 19 . Su correlato es la conformación y reproducción de la sociedad civil cual consecuencia de la maldad. El vicio no desaparece con la ley positiva y la institucionalidad que hace cumplir esas 19 La Modernidad no abandonó ni superó los afanes metafísicos y el teocentrismo medieval para dedicarse a la epistemología con un espíritu antropocéntrico: los ilustrados, al ser «teólogos empí- ricos», seguían siendo metafísicos y teocéntricos.
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